En reciente exposición en el Instituto de Ciencia Política, el ministro del Posconflicto, Rafael Pardo Rueda, expuso de manera clara y seria las cuatro prioridades en el sector rural para el posconflicto. El propósito de este artículo es referirnos a tres de ellas: las vías terciarias; la electrificación; y el acceso al crédito.
En relación a la primera, el mayor obstáculo que enfrenta el campesinado colombiano es poder colocar sus productos, a precios rentables, en los principales mercados. Si el campesino requiere transitar nuestras trochas, llegará al mercado es con guacamole en vez de aguacate; y con papilla, en vez de papaya. Hacer y reconstruir las redes secundarias y terciarias es clave para conectar las unidades productivas con los corredores arteriales. Un reciente editorial de Portafolio, señala: “Según el Ministerio de Transporte, nuestra red vial es de 204.855 kilómetros, de los cuales menos del 9 por ciento forma parte de la primaria. A la secundaria corresponden 45.137 kilómetros –un 22 por ciento del total–, mientras que la terciaria –a cargo principalmente de los municipios– alcanza los 142.284 kilómetros, de los cuales solo una cuarta parte se encuentra en buen estado. Puesto de otra forma, dos terceras partes de las rutas que unen asentamientos de todos los tamaños entran en esta categoría… Un trabajo académico reciente muestra que una mejora vial incrementa la velocidad de desplazamiento de un hogar rural en 12 kilómetros por hora, lo cual incide en aumentos cercanos al 10 por ciento en los ingresos de las familias campesinas analizadas.” Para Fedesarrollo, mientras que la inversión per cápita en vías secundarias y terciarias es menos de 20 dólares, en el Perú es de 45,5 dólares; y como proporción del PIB Colombia invierte el 0,3 por ciento, mientras que el Perú invierte tres veces más. El recientemente aprobado documento Conpes 3857 establece que un total de 142 mil kilómetros de vías terciarias en el país recibirán intervención por parte del Gobierno Nacional. La idea, según informan los medios “es que las vías terciarias, al ser complemento de las 4G y del Plan Maestro de Transporte Intermodal, logren potenciar su impacto para reducir los costos de producción, la pobreza y el conflicto armado, además de aumentar la accesibilidad a los servicios básicos”. De acuerdo con el economista Jaime Villamil, “Una inversión en redes terciarias, además de estimular el crecimiento, ofrecería un contexto favorable para el posconflicto con menores niveles de pobreza y una mayor presencia del Estado en los municipios más aislados, que suelen ser los de menores ingresos”. Leonardo Villar y Juan Mauricio Ramírez de Fedesarrollo señalan que “Un aumento del 10% en el número de kilómetros por kilómetro cuadrado de área rural reduce la tasa de pobreza en 5%”. No nos cabe la menor duda que electrificar la totalidad del sector rural productivo puede tener un impacto similar. Le corresponde a Pardo Rueda asegurarse que lo dicho en el Conpes no se quede en letra muerta.
Por otra parte, sin crédito no hay desarrollo agrícola. Hay que desmontar los esquemas crediticios tradicionales y potenciar el microcrédito para el campesino, recursos bastante más oportunos para el usuario y con menor riesgo para el prestatario. Hay que capacitar a funcionarios que entiendan del campo y descentralizar la toma de decisiones. Tristemente la mayoría de los banqueros creen que su labor consiste exclusivamente en cobrar cartera, en vez de circularla. Afortunadamente Pardo Rueda tiene claro que el crédito es un eje fundamental en la economía agrícola.