El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

¿Soga o salvavidas?

07 de marzo de 2009 - 10:00 p. m.

POCOS TEMAS ACAPARAN MÁS LA atención de la opinión y la prensa que los apoyos monetarios del Estado a algunas empresas, y en menor grado la ayuda exterior a los países, especialmente en el África, por parte de los gobiernos y las entidades multilaterales.

PUBLICIDAD

Para quien escribe esta nota, en vez del salvavidas que aquellas entidades pretendían que fueran cuando las aprobaron, con deplorable frecuencia estos apoyos se han convertido en una soga con la que las empresas y los países terminan ahorcándose. De alguna manera, los auxilios generalmente han resultado tener el mismo resultado que se obtiene cuando al alcohólico se le suministra licor o al drogadicto se le proporciona cocaína: el resultado final es perpetuar la adicción y fortalecer la dependencia.

La industria automotriz norteamericana padece de serios problemas estructurales que no se van a resolver con la ayuda económica masiva por parte del gobierno federal. Sin desconocer el importante esfuerzo en mejorar la calidad y los diseños de los carros de hoy, el problema fundamental de la industria automotriz norteamericana no es de liquidez, sino de costos. Y dentro de estos costos, el mayor peso recae en los costos laborales y en los aportes para la salud y las pensiones. Los expertos calculan que en promedio un trabajador en las tres grandes empresas gana un 30% más que sus contrapartes en empresas japonesas y europeas con fábricas en Estados Unidos, y que los costos extrasalariales le añaden 3.000 dólares de sobrecosto a cada vehículo. A los precios actuales, los vehículos producidos en Estados Unidos por los tres grandes fabricantes no son competitivos.

 En Estados Unidos, la Ley de Bancarrotas (Chapter 11) les permite a las empresas sentarse en la mesa, con la supervisión de un juez especializado, a renegociar todas sus obligaciones, incluyendo las laborales y fiscales. Si la empresa es viable a largo plazo, casi con certeza en pocos años vuelve a ser competitiva. Prácticamente todas las empresas aéreas en Estados Unidos han estado en Chapter 11 en un momento dado y la mayoría ha salido adelante. Incluso Avianca, hoy en día más rentable y próspera que nunca, pasó exitosamente por este camino.

La ayuda exterior a los países africanos, con muy contadas excepciones, ha sido funesta. En vez de propiciar el crecimiento económico y el fortalecimiento de las instituciones democráticas, lo que ha hecho es permitir que se perpetúen en el poder dictadorzuelos corruptos e ineptos (generalmente de tinte marxista) como Mugabe en Zimbabue.

Dambisa Moyo (una brillante economista de Zambia) afirma que las ayudas, incluyendo aquellas de estrellas como Bono, lo que han hecho es alimentar la corrupción y perpetuar la dependencia de estas naciones. “Cuando hay ayuda, los políticos no sienten responsabilidad alguna ante los ciudadanos, sino ante los donantes extranjeros”, afirma Moyo. La economista señala el ejemplo de la China, en donde hay 300 millones de personas en la miseria, mas nadie clama para que a la China se le conceda ayuda externa. Para Moyo la razón es muy sencilla: “China tiene establecidos los mecanismos y las estructuras que le permitirán a estos 300 millones salir de la extrema pobreza en unos años; el África, no”. El continente negro, lastimosamente, ha sido, es, y muy seguramente seguirá siendo adicto a la ayuda externa.

~~~

Existe una desafortunada tendencia en nuestro país a atribuir de manera equivocada ciertas frases, ya sea a un autor o a un libro. Al Quijote de Cervantes se le suele atribuir: “Ladran, Sancho, luego cabalgamos”. Esta frase, y ninguna de sus variantes, aparecen en la obra de El Quijote, ni en ninguna otra obra de Cervantes.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias