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Ubicándonos en 2015

27 de diciembre de 2014 - 09:00 p. m.

“Un barco no debería navegar con un sola ancla, ni la vida con una sola esperanza”.

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Es señal del buen capitán prever los posibles cambios en los vientos y ajustar el velamen acorde con las circunstancias. El estar de acuerdo con las búsqueda de la paz no es óbice para reseñar tres mitos o malentendidos que pueden distraer a la nación sobre el rumbo a tomar en 2015.

El primero es que la paz va a traer un vigoroso y sostenible crecimiento de la economía. Para desdibujar este mito, es oportuno referirnos a un reciente artículo del economista Rafael Rivas (El Espectador, Dic. 9/14):

“La tasa de crecimiento del ingreso per cápita en Colombia en los últimos 50 años es 2,2%, en los últimos 25 es 2%… El conflicto ha causado mucho sufrimiento, pero hay poca evidencia de que haya disminuido sustancialmente el crecimiento… La paz tendría beneficios concretos, que no tienen que ver con la tasa de crecimiento económico… la insistencia en los efectos improbables de un acuerdo de paz puede tener efectos desafortunados si el Gobierno asume compromisos basándose en el supuesto de que los ingresos tributarios van a crecer como resultado de una economía boyante. No la va a haber. Y distraería al Gobierno, que se debe preparar para tiempos más difíciles que los del pasado reciente”.

El segundo mito que rodea un eventual fin del conflicto es que la paz conlleva un incremento importante en la inversión. Sobre este punto cabe aclarar que a partir de 2004 —la década en que más inversión ha tenido el país en la historia— han sido los años en que el conflicto estaba en pleno apogeo. La evidencia empírica no demuestra un vínculo entre el nivel de inversión y el conflicto. A la inversión, nacional o extranjera, la atrae principalmente la rentabilidad esperada y la estabilidad en las reglas de juego. En la rentabilidad está implícito no sólo el retorno sobre el capital invertido, sino que el inversionista pueda disfrutar de una parte importante de las utilidades. Cuando el Estado se apropia en impuestos entre el 50 y el 70% de las utilidades, el inversionista vislumbra que le están modificando las reglas del juego y que sus recursos pueden tener en otros lugares mayores réditos asociados a un menor riesgo. La reforma fiscal del Gobierno, con bastante miopía, va a marchitar las fuentes de creación de riqueza que en un futuro son precisamente las que le podrían aportar los recursos para financiar la paz.

Finalmente está el mito de que con la paz se acaba la violencia. El principal generador de violencia, cobijado por la grotesca impunidad que prevalece en Colombia, es el narcotráfico con todas sus secuelas. El que crea que la paz implica el fin del narcotráfico es un tonto de capirote; y el que no se dé cuenta de que la ineficiencia y corrupción de nuestra justicia es el caldo de cultivo de la impunidad, no sabe en qué país vive. La paz morigerará el terrorismo, pero poco afectará la violencia.

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Apostilla: Desde épocas de bárbaras naciones, las ratas huyen de las naves que se hunden. Cuba sufrió indescriptiblemente con la caída del muro de Berlín y posterior colapso de la Unión Soviética. Lo que los Castro no están dispuestos a enfrentar nuevamente es el inminente naufragio de su fiador y mecenas, Venezuela. Es esta la razón de fondo del acercamiento al Imperio.

Epicteto

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