El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Un camino de rosas… con espinas

17 de marzo de 2017 - 11:07 p. m.

No conozco a la ministra de Comercio, María Claudia Lacouture. Por referencias, entiendo que es una profesional seria y competente. De lo que sí tengo la certeza es que la apuesta por el turismo que hace su Ministerio —no obstante, varias espinas en el camino de rosas— es la apuesta macroeconómica a la que le debe apuntar el país. Las razones para escoger al turismo son múltiples, pero de manera sucinta es que es un sector que le va a ayudar al país a sobrellevar la difícil coyuntura externa y cambiaria que se avecina. A diferencia de las industrias extractivas como el petróleo, el oro y el carbón, el turismo —además de no generar contaminación— es una industria renovable y que conlleva en su código genético las claves de su propio éxito. Adicionalmente, el turismo se diferencia de la industria y de la agricultura moderna en el hecho de que sí es una importante generadora de empleo.

PUBLICIDAD

Según reciente informe de la revista Semana (mar. 12/17), “si bien se han hecho grandes esfuerzos, hay mucho camino por recorrer para que Colombia aspire a convertirse en una potencia turística regional, teniendo todas las condiciones para hacerlo. En primer lugar, hay que hacer más competitivo al país en materia de precios. En tarifas aéreas, por ejemplo, Colombia es, después de Venezuela, la nación con las mayores cargas impositivas sobre los pasajes. Las tarifas de hoteles también se elevaron tras el aumento del IVA. En segundo lugar, hay que combatir la informalidad y la parahotelería, uno de los principales problemas del sector. El país debe capacitar a un mayor número de personas en bilingüismo, en el que está muy rezagado. Debe mejorar la infraestructura en las zonas rurales y pequeños municipios, donde está todo por hacer, y tener una política clara de ecoturismo, que es la punta de lanza para copar el territorio con legitimidad y de manera amigable con el medioambiente y las comunidades”.

Las estadísticas que publica Semana impresionan: mientras en 2007 arribaron 2,5 millones de turistas, esa cifra el año pasado creció a 5,1 millones. Es decir, se duplicaron en menos de una década y se generan 1,8 millones de empleos. Lo que más llama la atención es la tendencia. En 2016 los visitantes extranjeros aumentaron en 14,5 por ciento frente al año inmediatamente anterior. Este aumento es mayor al de América Latina, que es, según la Organización Mundial del Turismo (OMT), del cuatro por ciento. Para el 2017 se espera que los turistas que llegan en cruceros van a aumentar en un 40 %. Los ingresos por esta actividad superan los US$ 5.200 millones, lo que se constituyó en la segunda fuente de divisas después de las exportaciones de petróleo y más que las ventas de carbón o café.

Cuadriplicar en nueve años el número de turistas para llegar a los 20 millones no es un imposible. Los ingresos estarían en el 2025 en el orden de los US$ 21.000 millones, convirtiendo a este sector en el principal generador de empleo y de divisas del país. Pero para lograr estos objetivos es indispensable que el turismo pase de ser una política de gobierno a ser una política de Estado en la que el presidente se convierte en el árbitro, evitando que sus subalternos actúen de manera descoordinada y pisándose las mangueras. Si las inversiones indispensables de bienes públicos en turismo pasan a ser un botín político, como ocurre con casi todo en este país, las posibilidades de que despegue este sector son prácticamente nulas.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias