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¿Una hamburguesa en Barcelona?

25 de julio de 2015 - 08:10 p. m.

En un futuro no muy lejano comerse una hamburguesa no va a ser tan sencillo.

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Hacerlo en Barcelona, menos. La razón de este fenómeno es que, de no haber cambios importantes en la logística para alojar turistas y en la tecnología para la producción de proteína animal, tanto al turismo como a la carne se les va a imponer restricciones importantes.

En el caso del turismo varias ciudades están pensando en seguir el ejemplo de la recién elegida alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, quien ha implantado una moratoria de un año para las licencias de alojamiento para los turistas. La medida de la alcaldesa Colau, representante de la extrema izquierda, ha tenido amplia acogida en buena parte de los habitantes de la ciudad condal quienes ven que las hordas de turistas, especialmente los prepagos, reciben mucho más de la ciudad que lo que le aportan. La ordenanza, obviamente, ha tenido un fuerte rechazo del sector hotelero.

El sector turismo a nivel mundial es gigantesco: más de uno de cada 11 empleos está en ese sector; cada año se realizan más de mil millones de viajes por fuera de las fronteras y el triple en movimientos domésticos; la contribución del turismo a la economía mundial sobrepasa los 7,6 billones de dólares. El problema de fondo es que varios destinos, como Venecia y Barcelona, ya están saturados de turistas. Teniendo en cuenta que menos de la cuarta parte de la población mundial tiene la capacidad adquisitiva de viajar internacionalmente, el día en que la mitad o el 70 por ciento lo pueda hacer, muy buena parte de los destinos físicamente no van a poder absorber tanto turista. En ese futuro, cuando centenares de millones de chinos e indios tengan la posibilidad de visitar a los principales destinos turísticos, como la Torre Eiffel, necesariamente los cupos tendrán que ser limitados.

Por el otro lado, en un artículo publicado en el diario El País de España el pasado 16 de julio (“La carne del futuro será la del pasado”), el periodista Guillermo Altares argumenta que la huella de carbono al ritmo actual hace insostenible el consumo mundial de productos cárnicos. Según dicho artículo, la FAO estima que “sólo entre 1990 y 2012 el número de gallinas en el mundo ha crecido un 104,2%, de 11.788 a 24.705 millones, y el ganado vacuno ha pasado de 1.445 a 1.684 millones (un 16,5%)”.

El sector cárnico, como lo señala el artículo, se enfrenta al desafío de aumentar la producción ante un crecimiento de la demanda y de la población del planeta y a la necesidad de frenar a la vez las emisiones. Un estudio de la FAO afirma que en el conjunto de los países desarrollados se consumían de media 60 kilos de carne por persona en 1964; ahora son 95,7 y se calcula que serán 100,1 en 2030, siendo la producción de carne la responsable del 14,5% de las emisiones de carbono.

De los 7.500 millones de habitantes, 900 millones de personas pasan hambre y la mitad (3.750 millones) no tiene acceso a las proteínas promedio que consume un estadounidense o un europeo. Si esas proteínas tienen origen animal habría que triplicar el número de cabezas, aumento que llevaría a que las emisiones de carbono en la producción de carne se acercaran al 50 por ciento del total, situación a todas luces insostenible.

En resumen, amigo lector, las posibilidades de que nuestros nietos y bisnietos se puedan comer una hamburguesa, y hacerlo en Barcelona, cada vez parecen ser más remotas, siendo más probable que terminen comiéndose es un chigüiro en la Orinoquia.

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