El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Verdes por fuera y rojos por dentro

10 de junio de 2017 - 09:00 p. m.

La semana pasada, como ha sido  ampliamente relatado por varios medios y comentaristas, dos heterogéneos grupos se sentaron a manteles con el fin de celebrar ceremonias cuasirreligiosas: un bautismo y un sacrificio. Sospecho que para honrar el compromiso de los senadores Robledo y López con la izquierda fundamentalista, en el bautismo a los huéspedes de Claudia López –aunque mencionan que se sirvió un ajiaco– se les sirvió fue un postre de cerezas, acompañado por infusiones de frutos rojos. El motivo principal del festín era bautizar con el nombre de ‘Alianza Sandía’ —con fines electorales lícitos por supuesto– la alianza entre aspirantes a clorofilos y los mamertos. ¿Y por qué se escogió la fruta de la sandía —patilla como la llaman algunos— como emblema de esta esperanzadora alianza política? Porque la sandía, al igual que los ‘Los sandios’ (como popularmente se les puede tildar) son verdes por fuera y rojos por dentro.

PUBLICIDAD

¿Además qué se pretendió, aparte del ‘prójimo’ por supuesto, cocinar en esta cena? ‘Petro al Trapo’, ya que atajar al anterior burgomaestre (Robledo y Claudia lo detestan) era uno de los objetivos. No se sabe si la asada simbólica de Petro vaya a tener éxito, pero lo que es claro es que el que quedó chamuscado fue Sergio Fajardo. Al aceptar formar parte de ‘Los sandios’, el antioqueño desdibujó, posiblemente de manera irreversible, su imagen de hombre del centro e independiente. Hoy, Fajardo seguramente no tendrá alternativa distinta de ser convidado de piedra de las comilonas donde Robledo y la López.

La otra cena fue en el lujoso piso de aquel paradigma de la lealtad, Roy Barreras, ágape al que, según dicen, asistió hasta el primer mandatario. El menú no fue tan variado: se sirvió un plato de lentejas, que desde que Jacobo compró la primogenitura de su hermano Esaú, es la comida preferida de los tránsfugas. Y habiendo en el banquete tanto roedor e impío, fue mucho el queso y los ríos de mermelada que rodaron, siendo el último manjar cortesía del Ministerio de Hacienda.

La finalidad de la espléndida cena de Roy era sacrificar la democracia en el altar del Acuerdo de La Habana, dándole el toque final al desmembramiento de la Constitución del 91, cuya característica fundamental es la separación de poderes. Se trataba de que al día siguiente fuera elegida en la Corte Constitucional Diana Fajardo, no tanto por sus innegables méritos personales, sino para que de manera sumisa siguiera las instrucciones emanadas de La Habana vía la Casa de Nariño. Según dicen los asistentes, el Ejecutivo se la jugó para asegurar que quien llegara a la Corte fuera para respaldar sus pasos en la implementación del Acuerdo de Paz. Naturalmente ayudó a consolidar la tajante advertencia del senador de la ‘U’ Armando Benedetti, otro paradigma de la lealtad, en el sentido que, si Diana Fajardo no era elegida magistrada, se derrumbaba el ‘Acuerdo de Paz’. Doña Diana llegó a la Corte, y los congresistas asistentes ennegrecieron aún más su lúgubre reputación.

La cena de Roy también tenía otro objetivo: reafirmar que buena parte de los congresistas abandonaban su función de representantes de los electores para convertirse en simples notarios de las órdenes del Ejecutivo y de las Farc. Pocas veces en la historia un grupo colegiado se ha emasculado de manera tan vergonzosa… y todo por unas lentejas y unos quesos rociados de mermelada en casa de Roy.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias