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Zapatos de la talla equivocada

24 de septiembre de 2016 - 12:37 a. m.

En reciente artículo, Rudolf Hommes (El Tiempo, sept. 11/16) hace una pertinente observación sobre el capítulo agrario del Acuerdo de Paz: “Abre un espacio para modificar radicalmente la forma de hacer política en el campo… ”.

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Ruddy tiene razón: el Acuerdo se concentra en desarrollar un ‘nuevo modelo político’, prestándole poca atención a la función elemental del agro que es producir comida. Las soluciones al problema agrario del Acuerdo son equivocadas porque siguen enfocando al campo como un “sector social” en vez de un “sector productivo”.

La migración del campo a la ciudad es irreversible, hecho que nuestros dirigentes patológicamente se resisten a aceptar. Según el Banco Mundial, de ser Colombia 64% rural en 1960, en el 2015 es sólo 24%. En el 2030 muy seguramente la población urbana será entre el 90 y 95%. Brasil y Argentina, líderes en la producción agropecuaria, aumentaron su población urbana en el mismo periodo de 46% y 74% al 86% y 92%, respectivamente.

José Elías Melo, en un artículo en Dinero, afirma: “La estructura de productividad de las economías es hoy en día muy diferente a la que existía en los 60. Cuando nacieron las Farc no había internet, ni celulares, ni computación en la nube. Hoy la potencia de la información, la globalización de los factores y la apertura de los mercados hacen que el acceso a la tierra no sea la punta de lanza del crecimiento económico ni del desarrollo social”.

Para ilustrar por qué el Acuerdo no va a resolver los problemas del campo, puede ser oportuno referirnos a un artículo publicado en la revista Tribuna de la Universidad de los Andes (ago./16), artículo que con fotos y testimonios les permite a algunos pobres rurales expresar sus frustraciones. En una de dichas fotos, un pescador reclama: “Necesitamos tener un mercado asegurado”. Pero para que nuestros piscicultores y hortifruticultores puedan colocar sus productos es necesario el apoyo estatal a las ‘Cadenas de Frío’. Cree usted, amigo lector, ¿que en el extenso Acuerdo no hay una sola palabra sobre las ‘Cadenas de Frío’? En otras dos fotos, unos campesinos señalan: “Aquí no llega el camión. El camión se queda en otra parte porque no alcanza a llegar acá a recoger nuestra carga porque no tenemos acceso de vías. Estamos sin transporte. Nos toca trabajar a lomo de mula…Medio de transporte: mis pies”.

Estas últimas imágenes ponen en evidencia el mayor obstáculo para el desarrollo agrícola colombiano: la abismal ausencia y precariedad de vías que no permite conectar a los productores con los consumidores. En vez de reclamar al Estado un compromiso firme y cuantificable para solucionar el atraso vial, el Acuerdo se limita a vaguedades y ‘cantos a la bandera’.

Finalmente hay una imagen diciente de la tragedia del campo colombiano y es la de un campesino descalzo que, cargando en la mano un par de zapatos, expresa: “Lo que necesitamos no es aquello que ustedes imaginan. Siempre nos dan los zapatos de la talla equivocada”. Esa es la tragedia del campo colombiano: en vez de Distritos de Riego, se les da es Zonas de Reserva Campesina; en vez de vías y carreteras se les da Circunscripciones Electorales; en vez de ‘Cadenas de Frío’, se les da ‘Consejos Comunitarios’; en vez de electricidad, se les da ‘organizaciones sociales’; en vez de semillas e investigación, se les da Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial; en vez de crédito, se les da un Banco Agrario que financia es a las compañías de libranzas.

A los pocos campesinos que van a quedar se les va a dar burocracia y más burocracia. Seguirán recibiendo zapatos de la talla equivocada.

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