La ventaja de PPK en los resultados oficiales confirma una tendencia histórica que ha vivido el Perú en los últimos veinte años: la consolidación de un modelo de derecha, especialmente en el sentido económico. Conviven en él matices que hacen pensar en distintas opciones, y una izquierda que, aunque venga ganando terreno, aún dista de constituir una fuerza política con posibilidades para ubicar un jefe de Estado.
Con este panorama, y con el probable resultado de los comicios, se pueden observar dos paradojas. Primero, fue Alberto Fujimori quien inauguró un modelo económico que ha permanecido inalterable a lo largo de todos los mandatos que lo sucedieron, como en el caso de Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala, y al tiempo prevalece el voto antifujimorista. No caben dudas de que el apoyo de varios candidatos independientes a PPK fue vital en la derrota de Keiko Fujimori. Segundo, la izquierda de Verónika Mendoza, en un país de derechas, fue esencial para la derrota de una y victoria de otro. Apoyar las movilizaciones contra el fujimorismo confirmó la influencia creciente que viene acumulando y que no sólo le permitió escaños en el Congreso, sino tener una influencia en el desenlace de los comicios.
Perú corrobora, además, la desaparición del APRA y los partidos tradicionales. Quedan dos fuerzas en esta contienda. De un lado, la nostalgia por el gobierno de Fujimori, que llegó a rincones del Perú ignorados por las fuerzas políticas que condujeron la transición a la democracia en la década de los 80, y de otro, millones de víctimas de uno de los gobiernos más represivos en los últimos años en la región andina.
La unión que acerca a PPK a la Presidencia seguramente desaparecerá muy pronto, y el electo presidente tendrá que enfrentarse a las presiones de todos los grupos políticos que apoyaron más la idea de que no ganara Keiko que la candidatura de Peruanos por el Kambio. A esto se suma la mayoría en el Congreso que alcanzó el fujimorismo. El Perú profundo votó por Fujimori, lo que debe llamar la atención acerca de las limitaciones del modelo económico para traducir indicadores macro en una prosperidad real en todos los segmentos sociales.
El país sigue dando muestras de una polarización en torno al significado del pasado, y a la posibilidad de que se revivan prácticas que le costaron mucho en términos humanitarios. Los rumores de la filtración del narcotráfico en la figura del secretario general de Fuerza Popular, partido fujimorista, demostrarían el poder que sigue ostentando y que no le han podido arrebatar décadas de guerra prohibicionista.