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Alarmante

31 de agosto de 2008 - 05:52 p. m.

Hace pocos días la organización no gubernamental Transparencia por Colombia dio a conocer los resultados de una interesante investigación sobre corrupción que hizo encuestando a 537 empresas privadas de diversos tamaños y de todos los sectores económicos. Sus principales conclusiones son muy preocupantes:

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– El 91% de los entrevistados admite que hay empresarios que ofrecen sobornos en sus relaciones comerciales con el sector público.

– Entre los factores que dificultan los negocios aparece en segundo lugar la corrupción.

– Los líderes de una tercera parte de las compañías de la muestra consideran que la corrupción es el segundo flagelo más importante de la economía.

Estas respuestas deben encender las alarmas no sólo en el ámbito empresarial, sino en la sociedad entera. Este reconocimiento de la gravedad del problema debería generar reacciones contundentes que ataquen el mal. Las autoridades, los gremios, las familias, los colegios, las universidades y los medios de comunicación deberían tomar cartas en el asunto. Porque es evidente que lo que se está haciendo en materia de formación ética y de control a la corrupción no está funcionando.

Limitando el análisis a la responsabilidad empresarial, por razones de espacio, vale la pena analizar la delicada cuestión desde la óptica del sector privado. ¿Qué está fallando? Una serie de errores —algunos o todos los siguientes— se están cometiendo: pobre selección del personal, baja calidad de los controles internos, ausencia de códigos de ética, falta de una mejor labor de concientización, mal ejemplo de los miembros de la cúpula, exceso de ambición, indebidas presiones para alcanzar las metas, laxitud moral en las conductas personales.

Yendo más allá de las fronteras empresariales, hay que reconocer que lamentablemente en la sociedad colombiana todavía impera lo que Antanas Mockus denomina la cultura del atajo. Es decir, la consecución de un objetivo justifica la trampa, el soborno, la copia, el fraude, la falsificación, la violación de la ley. En este aspecto el país no sólo no ha progresado sino que —como lo testimonia esta investigación— parece haber retrocedido.

Sin embargo, regresando a la esfera empresarial, sus cabezas tienen que comenzar ya a hacer cosas radicales al respecto. No pueden simplemente esperar a que cambie la cultura de la sociedad. Es más, pueden y deben dirigir ese cambio en la comunidad de los negocios. Cada uno de los líderes empresariales debería ser, en su propia compañía, un eficiente zar anticorrupción.

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