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El modelo

19 de octubre de 2008 - 08:24 p. m.

Algunos analistas sostienen que las recientes intervenciones de los gobiernos para conjurar la crisis son una prueba contundente del fin de la economía de mercado. Se equivocan, porque este sistema nunca ha excluido la intervención estatal eficaz, labor indispensable para garantizar su correcta operación.

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No es cierto que la economía de mercado implique la ausencia total del intervencionismo estatal. Lo que pregona es que dichas intervenciones deben ser las menores posibles, con criterios técnicos. Pero por supuesto que el Estado tiene un papel que jugar en el mundo económico privado.

Tres evidencias sustentan lo anterior. En primer lugar, Adam Smith, el padre de la economía de mercado, fue un gran defensor de las leyes antimonopolio. El segundo testimonio de la convivencia entre la libertad económica y el control estatal lo ofrece un gran exponente de las tesis de la economía de mercado, Friedrich Von Hayek: “El Estado moderno tiene una importante tarea que cumplir para que el mercado libre opere bien”.

Otro destacado promotor de la libertad económica, Milton Friedman, Nobel de Economía, defendió el New Deal del presidente de E.U. Franklin Delano Roosevelt. Para salir de la depresión de los años 30, aplicó una política económica muy intervencionista orientada a generar empleo y aumentar el consumo para superar la profunda crisis.

Así pues, es claro que en la economía de mercado no sólo es aceptable el rol del Estado, sino que es indispensable —incluso con gran fortaleza— en casos en los que por motivos distintos los mercados no estén cumpliendo cabalmente su misión.

La libertad económica no se debe confundir jamás con el libertinaje del capitalismo salvaje. Dicha libertad es perfectamente compatible con la recomendación de Anthony Giddens: “Economía de mercado hasta donde sea posible, e intervención estatal hasta donde sea necesario”.

La actual crisis financiera global es producto de la ambición desmedida de personas que violaron las normas legales y de comportamiento ético para amasar fortunas. Es consecuencia también de una gran debilidad del Estado en materia de prevención, control y sanción de conductas ilegales y en extremo riesgosas.

Pero por culpa de esas personas irresponsables —que merecen los más drásticos castigos— y de la ineficacia oficial —que debe corregirse—, no se puede botar a la basura el sistema de libre empresa. Porque la economía de mercado, acompañada de la intervención estatal que se requiera, es el mejor modelo para producir empleo y para generar los impuestos con los que se hace la inversión social.

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