Se ha desatado una intensa búsqueda de los culpables de la revaluación. Algunas personas han llegado a la conclusión de que la increíble apreciación del peso – superior al 40 por ciento desde su nivel más débil- obedece en gran parte a las maniobras de los especuladores.
Los acusan de atentar contra los intereses de la patria y de crear pánico económico. Estoy en desacuerdo con esa condena.
Mi defensa parte de la definición misma de la acción de especular. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la especulación es una “operación comercial que se practica con mercaderías, valores o efectos públicos, con el ánimo de obtener lucro”. Especular es de la esencia del sistema de libre empresa. Especular es legal y ético. Especular es lo que hacen a diario los empresarios y los ciudadanos del común cuando compran o venden un bien con el objetivo de ganar dinero.
No hay nada de malo en dicha conducta. Es más, lo natural y lo racional es que los agentes económicos estén constantemente tomando decisiones para aprovechar la eventual valorización de un activo, para protegerse de la potencial caída en el precio de un bien, para sacar partido de los diferenciales en las tasas de interés.
Así pues, echarle la culpa de la revaluación a los especuladores no hace sentido. Simplemente están haciendo lo que pueden y deben hacer en el ejercicio de su libertad económica. ¿Debería alguien prohibir comprar o vender dólares, invertir en un CDT en uno u otro país, en aras de la estabilidad macroeconómica? La respuesta que da el análisis histórico es que a mayor libertad, mayor la probabilidad de éxito de una sociedad.
Las principales causas de la revaluación nada tienen que ver con supuestos vampiros que quieren enriquecerse atentando contra la economía nacional. La fortaleza del peso obedece a la debilidad mundial del dólar (como consecuencia de las graves fallas estructurales de la economía estadounidense) y al déficit fiscal del gobierno colombiano.
Además, al peso lo robustece la venta masiva de los dólares de la inversión extranjera (cuyo volumen anual se ha multiplicado por cinco gracias a la bonanza de confianza que ha producido la seguridad democrática), y el alza de las tasas de interés que desde hace dos años viene haciendo el Banco de la República para combatir la inflación (lo que estimula traer dólares para invertir acá).
En vez de fustigar a los especuladores, hay que atacar las verdaderas causas locales de la revaluación.