La condición sine qua non para el progreso social y económico es un modelo educativo de cobertura total y con la más alta calidad posible.
Así lo demuestran numerosas investigaciones que han analizado el éxito devarias naciones que -a pesar de ser muy distintas entre sí – tienen el común denominador de haber desarrollado un sistema educativo sofisticado y productivo.
En estos días se han producido tres hechos positivos en materia de educación en Colombia. Son casos diversos que muestran que desde ángulos distintos se está aportando al enriquecimiento intelectual de nuestra sociedad. Gustavo González, Bernardo Hoyos y Luis Carlos Sarmiento son sus protagonistas.
Gustavo González fue el ganador este año de la décima versión del Premio Compartir al Mejor Maestro –la gran iniciativa que exalta la labor de los profesores, creada y liderada por el empresario y filántropo Pedro Gómez. Este docente de la Escuela Normal Superior María Montessori fue escogido entre más de 1.300 aspirantes por su profesionalismo en la enseñanza de una materia- la música- que no debe ser mirada como una simple “costura” sino como un medio para desarrollar una de las siete inteligencias múltiples (según la teoría del profesor Howard Gardner). Además, para la música existe en nuestro país un gran talento natural que hay que aprovechar mediante una adecuada pedagogía.
Bernardo Hoyos es el periodista cultural más importante que ha tenido Colombia. El premio Simón Bolívar que le fue otorgado es un merecido reconocimiento a una vida y una obra ejemplares. Su erudición en todos los campos del arte -especialmente en la música, el cine y la literatura– la ha puesto al servicio de una labor didáctica en varios medios. Todos hemos aprendido lecciones bellas y sabias provenientes de un hombre sencillo, agradable y muy interesante. La cultura no es un adorno, es un poderoso instrumento de estímulo del hemisferio derecho de nuestro cerebro.
Luis Carlos Sarmiento, el destacado empresario –uno de los hombres más ricos del planeta gracias a su agudo ingenio y consagración al trabajo- donó a su Alma Mater (la Universidad Nacional) un maravilloso edificio que se dedicará a la ciencia y la tecnología. Este gesto generoso- la obra costó $18 mil millones- debería ser imitado por muchos otros profesionales sobresalientes que tienen mucho que agradecer por la formación que recibieron, para contribuir así a la educación de las generaciones futuras.