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Un turismo inteligente y resiliente

23 de abril de 2020 - 12:00 a. m.

Dábamos por hecho que los bombillos siempre prendían y el agua siempre corría, sin embargo, hoy cuando el agua salió fría por un momento y la luz no prendió, fui consciente de las cosas que dábamos por hecho son esas cosas a la mano, de las que habla Martin Heidegger. Una categoría que se entiende, cuando las cosas que dábamos por hecho no funcionan y ahí es cuando somos conscientes por fin de su existencia. Es el acto de adquirir conciencia de todo cuanto dábamos por hecho.

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Tal cual como nos pasa ahora, empezamos a ser conscientes de cosas que antes eran invisibles ante nosotros. Lo que era normal en el día a día, ahora lo pensamos como un privilegio, como el simple hecho de salir de casa.

Antes podíamos andar por el mundo sin restricciones, ahora pensar en viajar puede traernos, la nostalgia del último viaje que hicimos o el anhelo del próximo que ansiamos tener. Sin embargo, la imposibilidad de conectarnos con la naturaleza o de viajar a una playa, montaña o rio, ha provocado no solo la abismal caída del sector turístico, sino que ha traído consecuencias directas a nuestro bienestar; nos ha provocado ansiedad, irritabilidad y estrés. Sin saberlo somos víctimas del llamado trastorno por déficit de naturaleza o (TDN), que aunque muchos por vivir en una ciudad ya sufrían, ahora todos por estar confinados, empezamos a saborear.

No es un secreto que el turismo es uno de los sectores más afectados por la Covid -19, según las cifras de la organización Mundial del Turismo (OMT), 1 de cada 10 empleos en el mundo corresponde a este sector. Por eso distintos actores del sector ya están ocupados en buscar soluciones para activarlo cuando el mundo regrese a la normalidad. Mientras esto pasa, el turismo se reinventa a través de la tecnología y nos brinda la posibilidad de viajar sin dejar un impacto negativo sobre el medio ambiente y aliviar los múltiples malestares que conlleva el encierro y distanciamiento no solo social, sino de la naturaleza.

 Hablamos de un turismo silencioso que nos permite conocer lugares sin dañar animales, ni atiborrar playas, uno sin la presión social de un “bikini body”, pero más importante, uno que nos permite liberar la imaginación, ya que esta es la única cosa que ni la pandemia, ni la cuarentena puede quitarnos. Viajaremos a través de una pantalla y usaremos la conexión de wi-fi para conectarnos con la naturaleza, aunque parezca un placebo es por ahora la alternativa más útil en la que podemos pensar.

Una de las opciones más completas, es la creada por  Brian Folts, llamada StreetView Player, una app que lo llevará por todo el mundo usando la tecnología de google maps.

Otra alternativa es usar Spotify o YouTube para escuchar sonidos que emulan la naturaleza ayudará a nuestra mente a desconectar y aumentará nuestra capacidad de relajación.

Por último, podemos conocer los parques y jardines nacionales más relevantes sin salir de casa gracias a plataformas como www.parquesnacionales.gov.

Es necesario ver  en esta crisis una oportunidad para replantear las practicas turísticas y enfocarlas en reducir su impacto ambiental  y social, y aunque  muchos aseguran que  pasarán tres o cuatro años para volver a los niveles turísticos anteriores, no podremos volver al turismo como la práctica que conocíamos, pues es evidente que algo no andaba bien, y no solo lo confirma  el masivo avistamiento de animales en las últimas semanas,  sino por la pronta recuperación de playas y parques que venían al borde del colapso por la contaminación y el turismo depredador que dejaba una huella imborrable en el ecosistema, provocando la perdida de millones de arrecifes, humedales, fauna marina y terrestre  que celebra nuestra ausencia. Si esta era la pausa obligada para replantear la importancia de prácticas como el ecoturismo y desplazar el concepto del todo incluido para dar prioridad al turismo responsable, entonces no habremos perdido el tiempo habremos recuperado el que desperdiciamos dañando el planeta.      

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