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El millón de El Cairo

01 de febrero de 2011 - 08:59 p. m.

La enorme protesta del pueblo egipcio logró que el presidente Hosni Mubarak anunciara que no aspirará a la reelección en los comicios de septiembre y que pedirá al Parlamento reformar las leyes para que opositores, hasta ahora impedidos, puedan aspirar a la Presidencia.

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Parece a punto de girar la gran placa tectónica del mundo árabe En su centro, Egipto, bulle la mayor urbe del universo islámico, El Cairo; y en su corazón, la plaza Tahrir, donde en 1967 se concentraron más de un millón de egipcios para rogar al gran líder pan-árabe, Gamal Abdel Nasser, que retirara su dimisión tras la desastrosa guerra de junio de aquel año. A las tres de la tarde de ayer aún afluían manifestantes a la plaza respondiendo a la convocatoria de la oposición para pedir esta vez todo lo contrario: la dimisión del presidente-dictador Hosni Mubarak, pero con la tácita intención de emular o batir aquella marca histórica. Y en ese alvéolo central se dirime un futuro que afectará a los movimientos de protesta democrática en Siria, Jordania, Yemen y, como en una retroalimentación, Túnez, donde un día, quizá se diga, comenzó todo.


El presidente egipcio se aferra a los vestigios del poder y, presionado por Washington que, por fin, pide democracia, trata de negociar con un movimiento que, aunque surgió con fuerza repentina tras el derrocamiento de Ben Ali en Túnez, estaba esperando su momento. Por eso, entre los que ayer desfilaban por Tahrir había dirección y pensamiento. Las organizaciones principales eran el Movimiento 6 de Abril, dirigido por un técnico de la construcción, Ahmad Maher —¿un Lech Walesa?—, que toma su nombre de un alzamiento duramente reprimido en Mahalla, ciudad del Delta, en esa fecha de 2008, y que está integrado por obreros textiles y sindicalistas, mayoritariamente laicos; una fuerza que se reclama de un universitario abatido por la policía; la tropilla de intelectuales y funcionarios en torno al Nobel de la Paz, Mohamed El Baradei, cabeza aparente de la protesta; y la gran masa de maniobra de la Hermandad Musulmana, integrista pero democrática, que en las últimas elecciones en las que pudo participar obtuvo 88 de los menos de 100 escaños en que competía.


Los manifestantes estaban ayer convencidos de que iban a ganar porque, tras el comunicado del Ejército excluyendo toda represión, Mubarak no puede convertir la plaza en una segunda Tiananmen de Pekín, tumba de la protesta popular china en junio de 1989.


Egipto ha recorrido un largo camino para llegar hasta las puertas del gran cambio que incesantemente persigue, y del que la marcha de ayer es la última exhalación. La primera desbordó las calles en 1919 para clamar contra la potencia dominante, Gran Bretaña, y sus paniaguados nacionales. Proclamada en 1922 por los británicos una independencia puramente formal, la monarquía bajo la presión del primer partido moderno del país —Wafd— ensayó como respuesta un parlamentarismo de elecciones trucadas hasta que en 1952 el Ejército, nacionalista y no alineado, tomaba el poder para proclamar la república. En 1954 Nasser lanzaba la segunda tentativa instaurando un socialismo árabe, que aunque hizo la reforma agraria y construyó la presa de Asuán para dominar el gran río, tampoco procuró libertad ni progreso. Anuar el Sadat, que le sucedió a su muerte en 1970, probó en estrecha sumisión a Washington —“querido Henry” llamaba al secretario de Estado Henry Kissinger— la ‘infitah’, o liberalismo económico, y en 1979 firmaba una paz con Israel que retiraba a Egipto del campo de batalla, haciendo así imposible que ningún país árabe pudiera enfrentarse al Estado sionista. Pero la corrupción y el amiguismo llevaron a una primera revuelta que en 1977 sacó al Ejército a la calle, con un saldo que la oposición elevaba a 900 muertos.


Mubarak, sucesor de Sadat, asesinado en 1981, para consolidarse ante Washington seguía prestando inestimables servicios al gobierno de Jerusalén con la ecuanimidad que no distingue conocido de pariente entre israelíes y palestinos, en su eterna mediación de paz y bloqueo de la franja de Gaza. Israel escruta hoy con inquietud los acontecimientos porque teme que un poder democrático en El Cairo sea mucho menos obsequioso que la dictadura. Es corriente oír de bocas israelíes que no habría conflicto con el mundo árabe si éste fuera democrático. Pero ocurre exactamente lo contrario. Si entre los árabes reinara la democracia, su reivindicación de los derechos palestinos sería la misma, sólo que mil veces más convincente porque estaría formulada en libertad. La suerte de Israel es que la democracia se le resista al mundo árabe.


La de la plaza Tahrir, apropiadamente llamada ‘Liberación’, es la cuarta oleada. La larga búsqueda de un pueblo que merecía mejor suerte, podría estar tocando a su fin.


Mubarak cede, pero no se va del poder


“No contaba presentarme a un nuevo mandato presidencial”, esas fueron las palabras escogidas por el presidente de Egipto, Hosni Mubarak, para decirle a su pueblo que permanecerá en el poder hasta septiembre, cuando se celebrarán las elecciones presidenciales.


A pesar de que el anuncio el “rais” es opuesto a la voluntad popular, que desde las 11 a.m. volvió a salir a las calles para pedir su dimisión, Mubarak cedió y afirmó que durante los ocho meses que le quedan de gobierno dirigirá una “transición pacífica del poder dentro de la Constitución” con un diálogo abierto a todas las fuerzas y reformas democráticas. Al mismo tiempo que instó al Parlamento a reformar la ley electoral y así impedir su candidatura y permitir la de otros.

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Al término del discurso, la incertidumbre volvió a sembrarse en las calles del país norafricano. El futuro egipcio pasa por la reacción de la población. De momento, todo parece indicar que los manifestantes seguirán presionando su salida inmediata, apoyando así el pedido del líder de la oposición, Mohamed El Baradei, quien instó a Mubarak a dejar el poder antes del viernes para “evitar un baño de sangre”.



Reacciones


William Hague


Canciller inglés


“(El gabinete) es decepcionante porque no constituye el Gobierno representativo que los egipcios parecen estar buscando y continuamos dejándoselo claro a las autoridades egipcias”

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Benjamín Netanyahu


Primer ministro israelí


“Israel es una democracia y por ello alienta el avance de los valores de la libertad y la democracia en Oriente Medio (…). La comunidad internacional necesita pedir a cualquier gobierno egipcio que mantenga los acuerdos de paz con Israel”.


Recep Tayyip Erdogan


Primer ministro turco


“Quiero hacerle una recomendación, una advertencia sincera al presidente (Hosni) Mubarak. Tiene que satisfacer sin vacilaciones la voluntad de cambio que proviene del pueblo (…). Todos somos mortales. Lo que importa es que se nos recuerde con respeto”.

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Aung San Suu Kyi


Premio Nobel de Paz


“Es necesario mantener la cabeza fría y el corazón caliente, no perder nunca la esperanza y continuar (…). Quiero que sepan que estamos todos con ustedes, que hay gente en el mundo entero que quiere libertad, de una manera u otra se sienten conectados con otra gente que lucha por la libertad”.

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