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Calladitos

24 de enero de 2009 - 10:00 p. m.

ESTA SEMANA SE PUBLICARON LAS cifras de homicidios ocurridos durante el año 2008. El resultado es una buena noticia para el país, pues el índice se situó en 33 muertes por cada 100.000 habitantes, el nivel más bajo en treinta años.

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Los promedios son siempre engañosos. Es cierto que las cifras muestran un deterioro de la situación en Medellín y un nivel aún muy elevado (66 asesinatos por 100.000 habitantes) en Cali. Hay municipios azotados por la violencia donde las tasas son aún aberrantes, cercanas a 300 por cada 100.000 pobladores. Cuando comparamos el resultado del año pasado con los promedios internacionales, estamos aún lejos de tener registros como los que se aprecian en sociedades con niveles superiores de convivencia y seguridad.

Pero la disminución en la violencia es el principal triunfo de Álvaro Uribe. Así les duela a sus implacables críticos, el Gobierno y su denigrada política de seguridad democrática les han salvado la vida a miles de colombianos que no han muerto producto de la reducción de los homicidios. El silencio de las ONG, de los columnistas críticos, de la oposición política y de los defensores de derechos humanos es revelador de lo incómodos que se sienten con estas estadísticas. Digan lo que digan, Uribe tiene cifras para demostrar que la vida le ha ganado terreno a la muerte durante su mandato.

Saldrán el coro de los opositores a recordar los falsos positivos en los que lamentablemente están involucrados miembros de la Fuerza Pública. De esos muertos sí quieren hablar hasta la saciedad. Pero ni una palabra sobre las miles de vidas que se han salvado producto de la política actual. Sería justo que reconocieran que es el enorme esfuerzo de las Fuerzas Militares y la Policía Nacional lo que ha permitido el descenso de los homicidios en el país. Pero permanecen callados como si las buenas noticias sobre la seguridad de los colombianos fueran malas noticias para ellos.

Se hablará de masacres, cuando la mayoría de ellas fueron cometidas en épocas donde no estaba el horrible gobierno de Uribe, violador de todos los derechos humanos según sus críticos. Otros eran presidentes cuando las cifras de homicidios eran el doble de altas. Estos estadistas son hoy feroces críticos de Uribe mientras ellos presenciaron desde el poder, pasivos e impotentes, la muerte de miles de colombianos.

Calladitos están Vivanco, Gallón, Piedad, Coronell, Claudia López, Duzán y los que sin límites consideran que Uribe es lo peor que le ha sucedido al país. Triste que tantas mentes iluminadas no entiendan que ninguna sociedad es viable sin seguridad y que vivir sin miedo es el principio elemental de la civilización. Los colombianos que hoy en día viven gracias a los mejores niveles de seguridad no estarán nunca de acuerdo con ellos. Para esos simples ciudadanos, Uribe es antes que nada el político que asumió la defensa del derecho fundamental a la vida y la tranquilidad.

Así les duela, deberían felicitar a Uribe por salvar miles de vidas de colombianos. Su silencio es la evidencia más clara del ciego extremismo que les impide ver lo que las estadísticas reflejan con toda claridad.

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