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La paz: un problema

25 de octubre de 2008 - 10:00 p. m.

LA SOCIEDAD COLOMBIANA HA acumulado una larga serie de frustraciones en los procesos de paz que ha emprendido. El país se aburrió de esperar que las negociaciones de paz ofrecieran resultados concretos.

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Es una de las razones que explican la inmensa popularidad de la política de seguridad democrática. Para la mayoría de los ciudadanos, las negociaciones de paz sólo produjeron más violencia. En cambio, la estrategia de firmeza y recuperación del orden público redujo la inseguridad y el secuestro.

El país deberá enfrentar en el futuro un proceso que nos conduzca a la paz. Por el momento el tema de negociar con las Farc no está en el orden del día. Pero algún día lo estará. Con el Eln atravesamos un período de parálisis y estancamiento. Pero es de esperar que se logre reconstruir un clima de confianza que permita avanzar hacia un acuerdo. En el entretanto, podríamos estar aprovechando este tiempo para prepararnos.

No tenemos en Colombia una buena cultura negociadora. Creemos que negocia únicamente el que se siente débil. Por el contrario, como bien lo afirmó el presidente Nixon cuando planteó la negociación como salida a la guerra de Vietnam, “no debemos nunca negociar por miedo, pero tampoco nunca debemos tener miedo de negociar”. A pesar de que no hay ambiente favorable a la negociación, eso no implica que no debamos estar preparando el terreno.

Muchos creen que la paz resuelve todos los problemas. La verdad es que la experiencia de otros países que han pasado por procesos similares demuestra que construir la paz es mucho más difícil que ganar la guerra. Cuando finalmente se firma la paz, aparecen una serie de factores que ponen en peligro la estabilidad social, presionan la administración de justicia y exigen un gigantesco esfuerzo de reinserción.

El proceso de desmovilización de los grupos paramilitares es un excelente ejemplo de las dificultades que hay que enfrentar. La verdad es que, a pesar de los enormes esfuerzos que el Estado adelanta, el proceso ha sido traumático. El sistema judicial falló y permitió que los cabecillas siguieran delinquiendo. Ello condujo a su extradición. En las regiones donde estos grupos operaban se está produciendo una lucha interna por ocupar el espacio que las bandas anteriores dejaron.

Esto genera una nueva ola de violencia que amenaza la estabilidad de la población afectada, que pensaba que el desarme eliminaría la violencia y la inseguridad. También está claro que la reinserción económica de los que dejan las armas no es sencilla, pues no se encuentran preparados para la vida productiva. Es encomiable el trabajo del alto consejero, Frank Pearl. Pero estamos lejos de poder garantizar que el sector productivo pueda incorporar a los miles de desmovilizados de las Auc y la guerrilla.

La paz es la primera prioridad de Colombia. Sin ella nuestro país no será viable ni podrá avanzar hacia el desarrollo. Pero debemos dejar de pensar que la paz soluciona todas nuestras dificultades actuales. Por el contrario, un proceso de paz genera muchos problemas para los cuales el país no está preparado. No basta con hablar del post-conflicto. La tarea que tenemos por delante es enorme. Construir una sociedad en paz es mucho más difícil que ganar la guerra.

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