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Paradojas y loquitos

01 de noviembre de 2008 - 10:00 p. m.

LA CRISIS ECONÓMICA ESTÁ LLENA de paradojas. Hay que aproximar los temas con ópticas no tradicionales. Ciertas debilidades se convierten súbitamente en fortalezas. Colombia tiene, en la presente coyuntura, algunas ventajas no despreciables.

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Se afirma que la débil presencia de la banca internacional en el país es una de nuestras debilidades estructurales. Paradójicamente, en la crisis actual, contar con un sistema financiero donde los principales bancos son de capital nacional nos ha permitido evitar las dificultades de liquidez que experimenta la banca internacional. Lo mismo puede decirse de la estrechez del mercado de capitales. Nuestra bolsa de valores es minúscula y poco profunda. El poco número de acciones cotizadas y la concentración de su propiedad son una gran falencia. Sin duda, la volatilidad de las últimas semanas ha golpeado la capitalización bursátil en Colombia, pero su impacto sobre el resto de la economía es marginal.

También, en las actuales circunstancias, es una ventaja no ser una economía tan internacionalizada. El peso del comercio exterior sobre la producción nacional es muy inferior al de países de nivel de desarrollo comparativo. Por lo mismo, la caída de la actividad en algunos de esos mercados mundiales tendrá un menor impacto sobre nuestra economía.

Colombia se ha visto penalizada por encontrarse rodeada de varios gobiernos con muy baja credibilidad internacional. Nuestro impecable registro en el manejo de la deuda externa se opaca por la falta de seriedad con la que muchos países latinoamericanos asumen sus compromisos internacionales. Curiosamente, en las actuales circunstancias, es una bendición estar rodeados de loquitos como Chávez, Correa, Morales o Kirchner. El contraste entre la irresponsabilidad de estos gobiernos y la ortodoxia de Colombia es evidente. Estos descriteriados son los mayores promotores de inversión extranjera en Colombia. Tenemos mucho que agradecerles, pues al destruir sus economías nos han trasladado oxígeno a nosotros. En esta coyuntura, contar con sólidos ingresos de capitales es indispensable para mantener la tasa de inversión y estabilizar la balanza de pagos.

Menos mal tenemos tanto loquito comprando todo lo que nuestra economía produce. Por ejemplo, Venezuela nos compraba US$1.742 millones en 2002. El año pasado la cifra de exportaciones a ese país fue de US$5.210 millones. Este año estará entre US$6.000 y US$7.000 millones. ¡Bendito seas Chávez! Lo peor que nos podría suceder en las actuales circunstancias es que un gobierno sensato se instalara en el vecino país. Lo primero que haría sería devaluar el mal llamado “bolívar fuerte”, frenar las importaciones y reducir el déficit fiscal. Ello tendría un fuerte impacto sobre muchos sectores de nuestra economía.

La crisis nos obliga a romper paradigmas y salirnos del pensamiento encajonado. En pocas semanas grandes imperios económicos se derrumbaron. Lo que parecía sólido dejó de serlo. La crisis ya empieza a golpear a Colombia y no hay manera de evitarlo. Pero los canales de impacto no serán siempre los esperados. No hay que olvidar que la economía es una ciencia de paradojas y sorpresas.

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