EL TEMA DEL REFERENDO PARA modificar la Constitución Nacional y permitir una nueva reelección presidencial es un culebrón que parece no concluir.
Esta semana parecía que cerraba su fase legislativa, pero apareció un nuevo capítulo con la recusación del presidente de la Cámara de Representantes por el Partido de la U. Llevamos en esto casi tres años y nada que termina. Todavía falta la conciliación y luego el examen de constitucionalidad. Si es declarada exequible vendrán la convocatoria a las elecciones, la campaña y la votación. En otras palabras, estamos lejos de concluir este larguísimo y desgastante proceso político.
El referendo ha ido copando todo el espacio político. Es un mono-tema que desplazó todos los demás asuntos públicos. Ningún otro logra competirle. El tema ha sido de doble filo para el Gobierno. Por una parte, le permite distraer la atención de otros problemas delicados, como el aumento del desempleo, el deterioro en la seguridad ciudadana o los escándalos de corrupción. Pero también ha sido perjudicial, pues le paralizó la agenda legislativa. Los demás proyectos e iniciativas gubernamentales tienen una enorme dificultad en encontrar espacio en el Congreso. Todo ha quedado subordinado al tema de la reelección. Los parlamentarios, especialistas del chantaje burocrático, saben que el Gobierno necesita su apoyo y condicionan todos los debates a su apetito clientelista. Resulta entonces curioso que el presidente más popular de la historia tenga tantas dificultades en lograr que el Congreso les marche a sus proyectos. Estamos a escasas semanas de cerrar la legislatura con un paupérrimo balance. Es nuevamente la culpa de este ambiente político enrarecido por el tema de la reelección.
La incertidumbre es un factor que perjudica al país. Tiene graves consecuencias económicas, pues introduce un ruido innecesario en los planes empresariales. Es malo para los partidos políticos, que quedan suspendidos y con estrategias muy endebles. Tal es el caso del Partido Conservador, que no sabe si lanzar candidatos o apoyar al Presidente. Algo similar le acontece a Cambio Radical y a la U. Por eso Fajardo ha ido ganando espacio, pues parece ser el único que no ha condicionado su estrategia de campaña al tema de la reelección. La incertidumbre le hace daño a nuestra imagen internacional, pues ha permitido que las ONG y cierta prensa internacional ataquen al país con argumentos que no son válidos pero que encuentran eco en los círculos contradictores de Uribe.
Algunos creen que el manejo que el Gobierno le ha dado al tema de la reelección es una prueba de habilidad política superior. Lo es en el sentido de que ha copado todo el espectro político y la oposición ha sido incapaz de construir una alternativa que tenga credibilidad y posibilidades de triunfo. Pero esta misma estrategia ha terminado por ser el mayor talón de Aquiles del Gobierno. Todo tiene sus límites y sus puntos de quiebre. El desgaste político de la coalición mayoritaria y la fatiga de la opinión pública pueden convertirse en una desagradable sorpresa para el Gobierno cuando llegue el momento de votar.