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Todos ponen

21 de marzo de 2009 - 10:00 p. m.

LAS NOTICIAS ECONÓMICAS NO son buenas.

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Se confirman los malos presagios. El DANE informó sobre la significativa caída (-10,7 por ciento con respecto a diciembre de 2008) en la producción manufacturera, el empleo industrial (-6 por ciento con respecto a enero del 2008) y las ventas (-4,9 por ciento con respecto a febrero de 2008). Estas cifras confirman un enfriamiento de todas las variables claves como producción, empleo y demanda. Estamos entrando en un túnel que no sabemos lo largo y oscuro que resultará.

Los períodos de crisis nos obligan a cambiar. Una sociedad puede enfrentar una coyuntura delicada si acepta que, frente a una modificación del entorno, no podemos seguir haciendo lo mismo. La crisis será menos dolorosa si reconocemos que todos tenemos que ceder. Sólo de esa forma podemos atenuar los impactos negativos que se anticipan.

Empecemos por los empresarios.  Cuando se debilita el crecimiento, el empresario reacciona con recortes. Hay una obsesión por reducir costos y gastos. Sin duda es necesario apretar el cinturón. Pero la austeridad sin criterio puede agravar los efectos de la crisis. En ocasiones se recortan activos que son estratégicos y que cuesta mucho recuperar. El mejor ejemplo es la reducción de las nóminas. Al licenciar personal hay que evaluar el impacto que tiene sobre el know-how y la experiencia que representa el trabajador. Por eso resultan muy valientes las iniciativas que han tomado empresas como HP o el Éxito que prefieren reducir los salarios y mantener el empleo. Estas compañías saben lo difícil que es tener buena gente. Recuperar ese capital humano resulta más oneroso que los ahorros de corto plazo que pueden realizar con despidos importantes. Ojalá más empresarios adopten esta sana estrategia.

Los trabajadores van a tener que aceptar que, ante un menor nivel de demanda, las empresas requerirán jornadas de trabajo más flexibles. Si hay menos consumo habrá menor producción. Dados los elevados costos (salarios y parafiscales) que tiene el trabajo formal en Colombia, no existe alternativa distinta a la de permitir jornadas más cortas con remuneración menor. Pagar empleados para que no trabajen plenamente es insostenible y lleva a la reducción de personal. Un esquema más flexible de remuneración, donde se reparta el trabajo disponible en jornadas menos largas, puede permitir salvar empleos. Un empleo que se pierde es un drama social y es muy difícil de recuperar.

El Gobierno también tiene que poner más. Hay que concentrarse en la ejecución. Se anuncian planes ambiciosos pero poco se evalúan los resultados concretos. Los consejos comunitarios tienen esta insoportable característica. Hay una obsesión por desplegar cifras que nadie está en capacidad de verificar y que en muchas ocasiones generan dudas o suspicacias. Cada funcionario compite por dar más cifras satisfactorias mientras los problemas subsisten. En la práctica, la inversión pública sigue siendo paquidérmica y no es, por el momento, un instrumento contracíclico eficaz.

Esta crisis a todos nos va a golpear. Todos tenemos que poner para reducir sus consecuencias negativas.

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