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¿Secretario de alimento de Obama?

14 de diciembre de 2008 - 07:16 p. m.

A MEDIDA QUE BARACK OBAMA PONdera a quién debe elegir para Secretario de Agricultura de Estados Unidos, debería reformular la pregunta. Lo que necesita, de hecho, es un audaz reformista en una posición con un nuevo título, “secretario de alimento”.

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Un Departamento de Agricultura tenía sentido hace 100 años, cuando 35% de los estadounidenses participaban en la agricultura. Pero, actualmente, menos de 2% son agricultores. Por contraste, el 100% de los estadounidenses come.

El nuevo nombre del departamento indicaría que Obama busca alejarse de una estructura en la bancarrota, de agricultura fabril que dilapida energía, exacerba el cambio climático y ocasiona que los estadounidenses no sean saludables; todo al mismo tiempo le cuesta miles de millones de dólares al contribuyente fiscal de Estados Unidos.

“Estamos subsidiando las calorías menos saludables en el supermercado  —-jarabe de maíz alto en fructosa y aceite de soya hidrogenado—, y hacemos muy poco por los agricultores que intentan cultivar comida real”, anota Michael Pollan, autor de libros como El dilema del omnívoro y En defensa de la comida.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos  —y los comités de agricultura en el Congreso—  tradicionalmente han sido entregados a intereses de la industria agrícola por demócratas y republicanos por igual. El cabildo del ramo agrícola usa esa percha para imponer comida que no es saludable en programas de almuerzos escolares para niños estadounidenses, exacerbando nuestra crisis nacional de diabetes y obesidad.

Pero hay que hablar con claridad. El problema no reside en los agricultores. Es el cabildo agrícola —secuestrado por operadores industriales—  y una tradición bipartidista de rendirse a él.

Yo crecí en una granja en Yamhill (Oregon), donde mi familia cultivaba cerezas y madera, al tiempo que criaba ovejas y, a veces, pequeños hatos ganaderos, cerdos y gansos. Uno de mis pesares es que mis hijos no hayan tenido la oportunidad de crecer en una granja.

Sin embargo, el Departamento de Agricultura no apoya a poblados rurales como Yamhill; apuntala operaciones industriales que tienen influencia como cabilderos. El resultado es que granjas familiares tienen que vender sus granjas a operadores mayores, lo cual socava a pequeños poblados.

Una indicación de la absurdidad del sistema: cada año, el contribuyente estadounidense, usted, me envía un cheque por 588 dólares a cambio de que yo no cultive en áreas boscosas que poseo en Oregon (transfiero ese dinero a una organización de caridad). Eso está bien. El Departamento de Agricultura le paga a un periodista de Nueva York por no sembrar cultivos en un bosque de Oregon.

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Las operaciones modernas de confinamiento parecen menos granjas y más líneas de ensamblaje de carne. Son de una eficiencia vertiginosa en algunas formas, pero usan vastas cantidades de grano, así como antibióticos de bajo nivel para reducir las infecciones y el resultado es una amenaza a la salud pública proveniente de las infecciones resistentes a los antibióticos.

Una granja industrial con 5.000 cerdos produce el mismo desperdicio que un poblado de 20.000 habitantes. Pero, si bien al poblado se le exige tener un sistema de drenaje, no ocurre lo mismo con la granja industrial.

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“Parecen lucrativas, porque nosotros estamos pagando por su desperdicio”, anota Robert P. Martin, el director ejecutivo de la Comisión Pew de Producción Industrial de Animales de Granja. “Y después está el costo de la resistencia a los antibióticos sobre la economía en general”.

Un estudio sugiere que estas grandes operaciones reciben, en efecto, un subsidio de 24 dólares por cada cerdo que crían. Nosotros enfrentamos una crisis de obesidad y una crisis presupuestaria, ¿y subsidiamos el tocino?

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La necesidad de un cambio resulta cada vez más clara, tanto por razones de salud como climáticas e incluso humanitarias. Los electores de California aprobaron el mes pasado un histórico referendo (por encima de las furiosas protestas del cabildo agrícola) que les exigirá a granjas fabriles que den cantidades mínimas de espacio tanto a las aves como al ganado. La sociedad se está preocupando no sólo por los niños que abusan de gatos sino también de los magnates cuyo modelo comercial radica en el abuso de animales de granja.

Una petición en línea, en www.fooddemocracynow.org, se pronuncia por una selección reformista para Secretario de Agricultura, nombrando después a seis magníficos candidatos, como Check Hasebrook, reformista en Nebraska. En varias ocasiones durante la campaña, Obama hizo comentarios en los que mostró una profunda comprensión de los temas alimentarios, pero los nombres de las personas que se están considerando para el Secretario de Agricultura, dicen personas en la industria alimentaria, representan más el problema que la solución.

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¿Un cambio en el que podamos creer?

La señal más potente que Obama podría enviar sería la de nombrar a un reformista para una posición de renombre. En fecha reciente, un ex secretario de Agricultura, John Block, dijo en público que la dependencia debería cambiar su nombre al “Departamento de Alimento, Agricultura y Bosques”.

Y otra persona, Ann Veneman, me dijo que ella cree que debería llamarse: “Departamento de Alimento y Agricultura”. Yo preferiría ver simplemente “Departamento de Alimento”, dándole primacía a los 300 millones de comedores en Estados Unidos.

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Como me dijo Pollan: “Incluso si no piensas que la agricultura es una alta prioridad, dados todos los demás problemas que enfrentamos, no vamos a lograr progresos en lo tocante a los temas por los cuales Obama hizo campaña —cuidado de salud, cambio climático e independencia energética— a menos que reformemos la agricultura”.

Es su turno, Sr. Presidente electo. Yo lo invito a visitar mi blog o diario en línea, On the Ground, así como a que me visite en Facebook. También puede ver mis videos en YouTube y seguirme en Twitter.

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* Columnista de ‘The New York Times’, dos veces ganador del Premio Pulitzer. c.2008 – The New York Times News Service.

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