La última legislatura del Congreso siempre resulta algo difícil.
Durante sus primeros seis meses, que van de julio a diciembre, el Gobierno, que es el principal impulsor de la actividad legislativa, está con el sol a cuestas luego de tres años de ejercicio y los parlamentarios se preparan para asumir la campaña de su reelección. Nada se debate sin cálculo político y el Gobierno se juega sus restos en materia legislativa, pues el oxígeno político resulta generalmente insuficiente. Los partidos se dedican a enviar mensajes a la opinión y debaten, presentan y apoyan iniciativas en tanto estas les generen réditos electorales. Pensar que pueden aprobarse proyectos que requieren tacto, mesura y prudente análisis, es casi un imposible. Por eso, la reforma a la salud o el proyecto contra el contrabando no pudieron terminar su trámite. Ahora bien, la segunda mitad de la legislatura (marzo a junio) es aún más aburrida. Para ese momento las campañas al Congreso ya terminaron y quienes fueron reelegidos quieren renovar su credencial, mientras aquellos que no volverán están preocupados con sus próximos emprendimientos. La campaña presidencial entra en fase final y ello hace que nada impopular o que aumente el riesgo político se presente por parte del Gobierno para debate en el Congreso. La agenda política se desarrolla en los medios, en las plazas y mucho menos en los salones de las comisiones y plenarias.
A pesar de lo anterior, el Congreso sigue siendo un escenario permanente de deliberación, en donde se exponen las reacciones a los más diversos intereses y dolencias nacionales. Durante estos primeros seis meses de la legislatura 2013-2014 el Congreso debatió 481 iniciativas, de las cuales 232 fueron presentadas en Cámara y 249 en el Senado. Los temas más taquilleros fueron los honores, las conmemoraciones y los asuntos culturales (17%), los proyectos que tienen que ver con la estructura del Estado y la administración pública (14%) y por último, aquellos asociados a temas laborales y pensionales (8,7%). En nivel medio de interés se encuentran los proyectos que cambian las condiciones de inversión (6,2%), la infraestructura y movilidad (6,9%) la educación y deporte (6,4%) y los asuntos penales, de justicia y penitenciarios (5,6%).
De las 481 iniciativas que estuvieron vivas en este período, 416 seguirán su trámite en 2014, aunque sólo pocas tendrán reales probabilidades de convertirse en ley, pues de las anteriores 169 iniciativas no tienen radicada la ponencia para el primer debate y 74 están en fila para superar la primera deliberación en la Comisión Constitucional correspondiente. De hecho, sólo 40 fueron los proyectos que se convirtieron en ley, lo que representa apenas el 8,3% de las iniciativas tramitadas en el Congreso.
Dentro de lo aprobado, el 50% es de iniciativa del Gobierno y el resto proviene de iniciativa parlamentaria, en donde 11 de las 20 leyes aprobadas tienen que ver con honores y conmemoraciones. Son ley cinco normas en materia de justicia, dos en infraestructura y cinco cambian las condiciones de inversión. Los ministerios más activos son el de Hacienda y Relaciones Exteriores.
Estos son apenas unos datos de lo que sucede en el Congreso. Si a alguien le gustan, puede reelegirlo, al que no, que salga entonces a votar el 9 de marzo para cambiarlo.