Aun sin tener los datos oficiales, casi todas las colectividades políticas se apresuraron a cantar victoria ante los resultados electorales del pasado 25 de octubre.
Si el balance de los ganadores pudiera hacerse por las declaraciones de los líderes políticos, estas habrían sido las primeras elecciones en donde no hubo perdedores. Sin embargo, pasado el alboroto, vale la pena hacer algunas anotaciones alrededor de lo sucedido en la jornada electoral.
La primera conclusión es apenas obvia. El desorden ideológico de los partidos y su voluntad de triunfar a toda costa explica la amalgama de alianzas regionales que hace imposible identificar con precisión el ADN político de los ganadores a Alcaldías y Gobernaciones. Las coaliciones regionales permitieron de todo y no fue extraño ver conservadores apoyando a la izquierda del Polo, o al Centro Democrático en manifestaciones públicas con la Alianza Verde. La gente votó principalmente por las personas, independientemente del partido que las avaló, y desde esta perspectiva todas las colectividades, unas más que otras, fueron perdedoras.
En este contexto, la fuerza de los partidos es visible sólo en aquellas votaciones en donde resulta imposible hacer alianzas, es decir en la suma de los votos obtenidos por cada colectividad para Concejos y Asambleas. Estas son las únicas votaciones sin interferencias, en donde la marca y el logo del partido atrae o rechaza potenciales electores. En este frente, los partidos mayoritarios luego de las elecciones son el Liberal, la U, los conservadores y Cambio Radical. El Centro Democrático, ausente en 2011, irrumpe en el panorama y logra el 10% de los votos para Asambleas y el 7.6% del total de votos depositados para Concejos. Su poderío electoral en ambos casos ronda 1’200.000 votos y se convierte en la quinta fuerza electoral. Los liberales tienen el primer lugar en la votación a Concejos, con más de 2’500.000 de sufragios y el 16% de la participación en el total. Le siguen el partido de la U y Cambio Radical con el 16% y 15% respectivamente. Los conservadores son cuartos, manteniendo la votación del 2011 y bajando en dos puntos porcentuales su participación sobre el total de votos depositados. A todos los punteros, salvo a Cambio Radical, la creación del Centro Democrático les significó una pérdida de electores frente a lo que habían alcanzado en 2011.
En materia de Asambleas, la U logra el primer lugar y le siguen los liberales; conservadores suben al tercer lugar y Cambio Radical alcanza el cuarto puesto, ganando casi 400.000 votos frente a las elecciones anteriores.
Los partidos minoritarios se mantienen sin grandes cambios frente a lo que lograron cuatro años atrás. La Alianza Verde mantiene una participación cercana al 8% en ambos escenarios y el Polo Democrático sobrevive con 500 mil votos, algo cercano al 4.5% de la participación electoral. Opción Ciudadana incrementó en 200 mil votos su caudal electoral y se consolida, a pesar de la ausencia de figuras de relevancia nacional, como el séptimo partido más votado.
Este es pues el verdadero papel que jugaron los partidos. Protagonismo marginal frente al de personajes públicos que ganaron elecciones y al del billete, que sin duda se consolida como el principal elector en nuestra patria.