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¿Y los gringos qué?

27 de diciembre de 2010 - 09:54 p. m.

DESDE HACE UNOS DÍAS PARA ACÁ he vuelto a vivir en carne propia un sentimiento que creí no volvería a padecer.

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Se trata de la amenaza generalizada y abstracta que sobre la población imprime el narcoterrorismo. Para saber lo que sucede y en qué grado, no es necesario oír lo que opinan importantes analistas, ni tampoco leer en profundidad lo que publican los diarios. Basta hablar con cualquier mexicano del común para darse cuenta de que la amenaza del narco, como le dicen en México a los carteles de la droga, está cambiando la vida y el comportamiento de la gente.

No hay conversación que no comience por narrar un nuevo caso de amenaza o de tragedia. Cada cual cuenta en su haber con un repertorio actualizado de casos de familiares y amigos víctimas de la violencia o testigos de ésta: secuestros, hurtos, extorsiones, golpizas e inclusive asesinatos forman parte de los hechos más frecuentes. Quienes se sintieron particularmente agredidos por encontrarse en posición vulnerable y tuvieron los medios para hacerlo, ya emigraron con sus familias y trabajan con dificultad desde el extranjero. La gente duda de las instituciones y de su capacidad para controlar una amenaza que aparece ante el ciudadano mucho más potente que la capacidad del Estado para contenerla.

Alcaldes municipales han sido asesinados y sus casas completamente baleadas. No pocos de ellos, como sucedía en Colombia en 2002, despachan desde diferentes localidades los asuntos de su pueblo. La gente clama para que el Estado negocie, es decir, para que se rinda, porque equivocadamente cree, como creían algunos colombianos, que ésta es la única forma para que cese la violencia. Unos medios de comunicación piden clemencia, otros se resisten al ataque y asumen valerosamente las consecuencias de las notas que publican.

La gente ya no recorre vías nacionales de noche, prefiere vehículos poco ostentosos y tiene prohibido transitar por localidades identificadas como peligrosas por ser consideradas territorio de los narcos. Las personas parecen expertas en tácticas para sobrevivir a un secuestro y debaten cuál es la mejor forma de actuar en caso de un asalto, para que no se dispare un solo tiro. En fin… el resto lo conocemos muy bien los colombianos.

Lo cierto es que la violencia que tiene origen en el negocio de la droga ha causado en México casi 31 mil muertes en los últimos 4 años y algo más de 12 mil solamente en 2010. La lucha por los canales de distribución más rentables parece no cesar entre los carteles de la droga. Cuanto más al norte de México, más aumenta la violencia. Y entonces uno avanza unos kilómetros y se acerca a la frontera. Pasa por Reynosa y siente la zozobra en el ambiente. Cruza el puente internacional y supera los controles de los gringos. Deja atrás la frontera e inmediatamente siente como si nada de lo que pasa apenas unos metros hacia atrás estuviera sucediendo. A Estados Unidos pareciera que la droga nunca entrara, que el negocio, como la violencia se quedara en la frontera.

@NicolasUribe

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