Millonarios afrontó ayer uno de los días más agitados de los últimos años. Y aunque la palabra crisis ya no es extraña en su vocabulario, la derrota ante el Huila disparó todas las alarmas.
Desde el sábado se habló de la salida del técnico Óscar Héctor Quintabani y la posibilidad de que Luis Augusto García regresara al banco azul. La última palabra se dirá hoy en la reunión de Junta Directiva, aunque todos los caminos parecen conducir a la ratificación del estratega colombo-argentino.
La verdad es que el nombre de ‘El Chiqui’ genera rechazo ante la afición. Claro, otros dirán que si él es quien manda en Millonarios, a la sombra, pues es mejor que lo haga de frente y así pueda asumir la responsabilidad pública en los fracasos y la celebración de sus aciertos.
Y si los resultados, es cierto, no respaldan la labor de Quintabani, toda la gente del fútbol conoce de su profesionalismo y seriedad para asumir los retos. Aguantar el proceso sería lo más pertinente que podrían decidir los dirigentes, los mismos que en los últimos años no han hecho sino equivocarse y llevar el equipo de fracaso en fracaso.
Pero para la reunión de hoy, al parecer, hay otro ingrediente que seguramente sacará chispas. Algunas fuentes consultadas por El Espectador nos ratificaron la indisciplina de algunos jugadores, y uno en especial que presuntamente llegó tomado a las 6 de la mañana el día previo al partido contra el Quindío. Por respeto a la honorabilidad de las personas y a la espera de que lo confirmen hoy, nos reservamos el nombre del futbolista.
La pregunta del millón es, entonces: si a Quintabani lo presionan por los malos resultados del equipo y de hecho estuvieron muy cerca de licenciarlo, ¿dónde está la responsabilidad de los jugadores y la de los dirigentes?
Esa respuesta la espera una fiel hinchada que lleva 20 años esperando triunfos y respeto al nombre de un club que algún día fue grande. De eso ya no queda sino el recuerdo.