Dicen que en todas las cosas de la vida se necesita una buena dosis de suerte y vaya que esa sí que es una gran verdad. Claro, a la suerte hay que ayudarle, meterle talento, trabajo y no dejar sólo en manos de ella la toma de decisiones trascendentales.
Pues tal parece que Millonarios tiene la suerte del campeón. En el último aliento de sus más recientes partidos ha conquistado triunfos o empates importantes que lo tienen cerca de llegar a la final del rentado colombiano después de 22 largos años. El clásico con Santa Fe lo empató con el paso de los últimos segundos, y en iguales circunstancias logró su victoria 3-2 ante Equidad, en Giradot. Ya en los cuartos de final eliminó, desde la ruleta de los tiros penaltis, al máximo favorito, el Once Caldas, y el sábado le sacó del bolsillo el triunfo al equipo asegurador, tras empatarle 2-2 en el minuto 90, con un penalti discutido.
A la suerte, Millonarios le ha inyectado otros ingredientes vitales: ganas, garra y corazón. Hay que ver la personalidad con la que el equipo suple su falta de talento. Porque hay otra gran verdad sobre la cancha y es que el equipo azul no brilla por su buen fútbol. El sábado lo dejó aún más al desnudo, con una defensa lenta, muy lenta, un mediocampo desdibujado que depende de lo que le resta de gasolina a Máyer Candelo y unos delanteros poco efectivos. Le pesó mucho, eso sí, la ausencia de su pulmón extra, Rafael Robayo.
Hay buenas individualidades, de eso no hay duda, como la del siembre batallador Carachito Domínguez, Ganicita Ortiz y su buen arquero, Nelson Ramos. Pero no se puede tapar el sol con la mano, Millonarios no tiene un buen equipo de fútbol. Esa es la realidad, eso es lo que hay.
Y aunque al técnico Richard Páez se la ha criticado por sus reiteradas equivocaciones en los cambios, dicen que es un hombre que les transmite confianza a sus jugadores, que los mantiene motivados y que por eso ellos batallan como leones.
Pero el buen momento del equipo va, sin duda, de la mano de la parte administrativa. Un club saneado, con una dirigencia nueva, cero contaminada y que está al día con los sueldos de sus jugadores, es más factible que triunfe.
Pero Millonarios está ahí, metido en la pelea, con bajas, altas y una buena dosis de suerte que falta ver si le alcanza para alcanzar su esquiva estrella número 14.