El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Macrolingotes

04 de diciembre de 2008 - 09:14 p. m.

Miguel Antonio Caro, que no es santo de mi devoción, tuvo sin embargo una particularidad: jamás salió de la Sabana de Bogotá, pero estaba en todo.

PUBLICIDAD

Óscar Alarcón

Fue quien manejó la Constituyente de 1886 y quien escogió a los nefastos mandatarios Manuel Antonio Sanclemente y José Manuel Marroquín, ambos de ingrata recordación. Por haberle salido calceto éste último –pretendía que continuara con la dictadura del poetariado– se la enfiló a su hijo Lorenzo Marroquín y desde entonces le acuñó la denominación de Hijo del Ejecutivo, que por estos días volvió a emplearse, pero en plural.

 * * *

Lorenzo fue personaje destacadísimo en la separación de Panamá, a pesar de que muchos hoy no lo recuerdan por eso sino por haber sido el constructor del Castillo Marroquín ubicado a la salida de Bogotá, por el norte, cerca al puente del Común. Desde su torre se ve toda la Sabana y allí sólo se puede subir por una estrechísima escalera hecha con el propósito de que su robusta esposa no lograra llegar y él pudiera estar a solas, sin la cantaleta al lado, mirando las estrellas y releyendo las clases de ortografía, en verso, de su padre José Manuel Marroquín.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias