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Advertencia

04 de marzo de 2014 - 09:30 p. m.

El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, ha advertido a Rusia que si desea continuar siendo un miembro del G-8 debe comportarse como tal.

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 La advertencia es paradójica. A fin de cuentas, lo que ha hecho Rusia en Crimea es comportarse como lo hacen los países dominantes del G-8.

Sabemos que hace unos años tropas estadounidenses entraron a Pakistán y, con o sin permiso, asesinaron al terrorista Osama Bin Laden. Uno de estos comportamientos o ambos constituyen una violación flagrante del derecho internacional, los derechos humanos, la moral “liberal” y un largo etcétera.

También sabemos que organismos de seguridad estadounidenses han intervenido las comunicaciones personales de jefes de Estado y oficiales de otros países soberanos, entre ellos Alemania y Brasil. Lo hicieron no sólo por razones de seguridad nacional, según se alegó en un comienzo, sino por razones propias de espionaje industrial y económico. Sabemos también que la vigilancia ilegal no termina allí.

Por si ello fuera poco, la intervención militar o de organismos de seguridad estadounidenses en países como Colombia y Venezuela no constituye un secreto para nadie. En el primer caso, la intervención es “consentida”, lo que es aún peor pues demuestra hasta qué punto los gobiernos que se dicen soberanos en realidad no lo son. En el segundo no lo es y sirve al gobierno de turno para restar validez y legitimidad a las voces de la oposición, que califica de “fascistas”.

Por supuesto que dicho calificativo no está siendo usado por el gobierno implicado en el sentido “original” del término. Se lo usa en un sentido que evoca las circunstancias del golpe chileno de 1973, cuyas lecciones han aprendido bien tirios y troyanos en la hermana república. Y entonces también el involucramiento, negado aún hoy, contra toda evidencia, de poderosas fuerzas externas empujando en forma decisiva a los opositores internos.

Ello demostraría la impotencia relativa de dichos opositores, lo que también les resta legitimidad, según criterios liberales. Dicho con brutal simpleza: porque no pueden ganar elecciones denuncian la corrupción en todos lados menos en el suyo, apelan al reconocimiento de poderosos enemigos externos y a la creación de un clima de violencia en las calles que empuje al antagonista a traicionar su fe democrática y, ahí sí, revelar su lado oscuro.

¿Repite Venezuela hoy el guión de Chile en 1973?

Nadie sabe a ciencia cierta hasta qué punto ese sea el caso allí o en Crimea. Pero disto mucho de creer que un juicio moral “liberal”, desprovisto de la perspectiva que toma en serio la realidad política de las luchas de poder, sirva.

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