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Bananas

28 de junio de 2016 - 11:02 p. m.

En la película epónima de Woody Allen, la política desciende con rapidez al nivel de la farsa. En una divertida escena, el periodista de deportes Howard Cossel describe ese descenso hasta culminar en una conspiración para deshacerse del líder de turno, y a la audiencia extática mientras el espectáculo avanza, como si se tratase de una pelea entre Clay y Liston.

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Esta vez es la política europea la que se ha revelado como farsa, invirtiendo el prejuicio que informaba la frase “república bananera”.

Tras el resultado del referendo sobre la salida británica de la Unión Europea, en rápida sucesión se produjeron la renuncia del primer ministro, David Cameron; el anuncio de un nuevo referendo en favor de la independencia escocesa respecto de Gran Bretaña por parte de su primera ministra, la caída de la libra, una hecatombe emocional generalizada, y la aceleración del fin de la Unión Europea.

Los demás responsables de ese sismo político prefirieron esconderse el fin de semana. Uno de ellos, el aspirante a comediante y periodista político Boris Johnson, a quien los entendidos dan como seguro sucesor de Cameron, reapareció ayer para asegurar a todos que Gran Bretaña seguía siendo europea y que todo estaba bien, como si nada hubiese sucedido. Entre tanto, sus copartidarios en la campaña Leave, que traduce “abandonar”, traicionaban cada una de las promesas hechas al exaltado electorado (control de la inmigración, reinversión de dineros en salud, etc.), anunciando frente a las cámaras que ellos “jamás habían dicho eso”. Para terminar, se desconoce aún si la conspiración en curso de los derechistas del Partido Laborista para deshacerse de su elegido líder izquierdista tendrá éxito como la de Bruto en Roma.

Entre tanto, en España, al cerrar las votaciones todas las encuestas de boca de urna daban a Podemos una diferencia de veinte escaños sobre el PSOE. A la hora del recuento, los votos del PSOE se mantuvieron según lo estimado por dichas encuestas, los de Ciudadanos regresaron a su partido de origen, el conservador PP, y algo más de un millón de votos registrados por las encuestas en favor de Podemos desaparecieron como por arte de magia. Ante la ausencia de una explicación razonable acerca de tan craso error estadístico, en las redes se habla de “fraude electoral”, como se supone que sólo sucede en las “repúblicas bananeras” o en Venezuela.

En Francia, el Frente Nacional ha hecho suya la bandera del Leave. En tono imperativo, esa misma palabra se convierte en amenaza racista y antiinmigrante. No sorprende que en los últimos días hayan aumentado los incidentes de odio y violencia.

A ese campo se suman Donald Trump, el fascismo austríaco y los ultras holandeses, entre otros. Como ya sucedió en los años 30, la crisis económica es política. Welcome back to the Age of Stupid.

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