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Diez cosas (I)

02 de septiembre de 2014 - 10:29 p. m.

Diez cosas que no se han dicho acerca de la paz, la guerra y la política. Hoy, las primeras cinco.

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Cosa 1: No es cierto que la condición de la paz sea prepararse para la guerra. La condición de la paz es prepararse para la paz; más difícil que hacerlo para la guerra. En ésta, los contrarios se imitan, no se preparan: como en los dibujos animados que aparecen en la serie Los Simpsons, suele responderse a un acto violento con uno igual o de escala mayor.

“Prepararse” para la guerra es una reacción más o menos impensada, motivada por la imaginación del agente, quien cree que si no responde con mayor firmeza será visto por el enemigo —o sus seguidores— como alguien débil. Por ello, optar por la paz es más difícil. En Ucrania, por ejemplo, nadie quiere parecer débil. Ni Poroshenko, ni Putin, ni Occidente, aun cuando todos saben que la única solución posible es que todos pierdan algo. La guerra tiene que ver con posturas y apariencias.

Cosa 2: La mayor parte de las guerras, si es que no todas, terminan en acuerdos entre perdedores antes que con la victoria final sobre el enemigo. En ellos, todas las partes acuerdan perder algo y mantener la apariencia de que todos han ganado. Como en el reciente cese al fuego en Palestina.

Cosa 3: En conflictos difíciles, como la crisis de los misiles del 62, quienes tomaron la iniciativa en pro de la paz lo hicieron contrariando el statu quo que favorecía la continuación y el escalamiento de las hostilidades. Por ello fueron declarados “traidores a su clase” y sus ideologías. Ello es cierto tanto en el caso de líderes de derecha (John F. Kennedy) como de izquierda (Salvador Allende).

Cosa 4: Es crucial explorar las dimensiones psicológica y religiosa de los conflictos y la manera de resolverlos, en relación con diversas prácticas dominantes en política y derechos humanos. El discurso liberal de los derechos, por ejemplo, tiende a reconciliarnos con el statu quo y ofrece visiones poco promisorias de la justicia. Es el que predomina hoy en la llamada justicia transicional y en procesos como el sudafricano o el del Cono Sur sudamericano. En ambos casos se hizo a un lado el tema de la justicia social. Ello bajo el pretexto de que los horrores del siglo XX sugerirían que la promesa de realizar una justicia más íntegra tiene un costo muy alto. Pero también, y sobre todo, porque las potencias de la pos Guerra Fría y los beneficiarios económicos se oponen a realizar la justicia si ello implica mayor igualdad política y social. Las razones de tal oposición no son puramente “materialistas”. Suelen expresarse en términos psicológicos y hasta religiosos. Ese es con claridad el caso de quienes se oponen a la paz como igualdad en Colombia de manera visceral.

Cosa 5: La paz requiere una nueva imagen moral del mundo.

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