En buena hora, el escritor español Juan Carlos Monedero ha hecho claridad acerca del significado de la memoria y legado de Nelson Mandela.
Es necesario hacerlo, pues los hipócritas y oportunistas que ayer no podían esperar para ver a Mandela en la horca desean hoy canonizarlo para convertirlo en un icono “de Walt Disney”, como dice Monedero.
“No hagáis de Madiba un icono vacío de la resignación”, advierte con razón el escritor y académico Español. “No era el Tío Tom: era Malcom X, Lumumba, un Pantera Negra. Se ha ido con el Che, con Allende, con Chávez, con Ho Chi Min, con Biko y con esos millones de hombres y mujeres anónimas que se reflejan en cada una de esas peleas contra cualquier imperio, contra cualquier opresor”, dice.
Justo ahora cabe recordar el que hace menos de tres décadas las derechas española y latinoamericana descalificaban a Mandela, y a la lucha del ANC del cual hacia parte, como terroristas. Otro tanto hizo el gobierno estadounidense. La Primer Ministro Margaret Thatcher dijo sin equívocos ante el Parlamento Británico que imponer sanciones contra el régimen del apartheid en Sudáfrica carecía de sentido, que el ANC jamás gobernaría dicho país, y que quienes creían lo contario vivían “en Cloud Cuckoo-Land”.
Cuando Mandela abandonó la prisión de Robben Island, los países que antes negociaban de manera abierta con el régimen de la supremacía blanca, compitieron entre si para que Madiba fuese a visitarlos primero. Sin embargo, Mandela decidió que el primer país extranjero que visitaría como un hombre libre sería Cuba.
Compartiendo el podio en la Plaza de la Revolución de La Habana con Fidel Castro, Mandela enfatizó los lazos que unían a las revoluciones Caribeñas con el fin del apartheid en el continente africano: “mira cuan lejos hemos llegado los esclavos”, le dijo entonces al líder de la Revolución Cubana.
En una decisión sin precedentes, Cuba había enviado miles de combatientes al sur del África con el fin de confrontar la ofensiva militar del gobierno de Pretoria apoyado por la CIA y las potencias occidentales de siempre. Mandela siempre agradeció ese gesto, y reconoció la importancia de la contribución cubana en la lucha contra el apartheid y la opresión racial. Esos son los hechos.
Quienes calificaron a Mandela como terrorista, y llamaron locos a los activistas que en las capitales del mundo presionaron a sus gobiernos para imponer sanciones contra el régimen de Botha y De Klerk, quieren hacerlo ahora un referente suyo. Adicionan un insulto presente a la injuria pasada.
No nos engañan. Sabemos reconocer a los inquisidores racistas que nos gobiernan, y a quienes abusan de la democracia para sus mezquinos fines. En África o en Colombia. Aunque les duela, Mandela era negro, revolucionario, y libre.