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El mundo al revés

02 de agosto de 2011 - 06:00 p. m.

Utopía es una isla. Uno llega a ella como de vacaciones, con la intención de experimentar algo nuevo y la seguridad de regresar a casa donde las cosas volverán a su curso normal.

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Desde Tomás Moro hasta Swift, la utopía tiene el aire de un pasatiempo: por un tiempo breve los esclavos reemplazan a sus amos, y los ricos y los poderosos aprenden la humildad de los pobres y los débiles. Se trata de ensayar la consabida conjetura: “¿Qué pasaría si…?”, y dar vuelo a la imaginación. Pero a veces, la realidad parece tomarse en serio la conjetura.

A nadie se le habría ocurrido hace unos años que la salvación del capitalismo global estaría en manos del comunismo chino. Se habrían reído de nosotros si hubiésemos predicho la bancarrota de los Estados Unidos. Afirmar que Argentina es un ejemplo a seguir en materias de economía y deuda habría sido descalificado como una locura. Que el próximo ataque terrorista no vendría del fundamentalismo musulmán sino del europeo, una herejía. Y que en Colombia se fortalecería un centro político ampliado en el que caben la derecha y la izquierda racionales, pero no los extremos, una fantasía.

A comienzos de la semana pasada vimos precisamente eso: el mundo al revés. El Partido Comunista de China advirtió al eximperio que las fallas en su sistema político eran intolerables pues amenazaban a todos, y no sólo a la economía de los Estados Unidos. Al tiempo, en una página dedicada al caso argentino, el Financial Times citaba a nadie menos que el Nobel de economía Paul Krugman: “Sin duda alguna, el ejemplo argentino muestra que la cesación de pagos es una gran idea”.

A mediados de la semana, las consecuencias del coqueteo de los partidos de derecha europeos con la ultraderecha islamófoba y antiinmigrante se habían hecho aparentes. El asesino noruego declaró que su intención era “salvar” a Europa del Islam y el marxismo cultural. Queda claro que Europa está obligada a enfrentar la pesadilla que ella misma creó. Pero también la hipocresía de casi toda la clase política europea, que se apresuraba a condenar lo que antes había celebrado como “el fracaso del multiculturalismo”.

Al finalizar la semana, un acuerdo de última hora en el que no creen ni quienes lo firmaron parecía salvar a América de la bancarrota. O tan sólo posponerla. Y en Colombia se habla de un año sorpresa. La coincidencia de estos eventos obliga a que nos preguntemos si se trata de meras ocurrencias pasajeras, o si tal vez es esta una nueva época en la cual, allende la utopía, el mundo nos parece vuelto de cabeza. La semana pasada, los poderosos recibieron una lección de humildad, los ricos nos parecieron más pobres que nunca, y los excolonizados dieron órdenes a sus antiguos maestros.

* Analista y profesor del Birkbeck College de la U. de Londres

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