El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

El principio de la esperanza

25 de agosto de 2015 - 11:54 p. m.

Dicen que al describir los tiempos verbales en su gramática latina, Marcus Terentius olvidó incluir el futuro.

PUBLICIDAD

Hemos hecho nuestro ese olvido. Hemos creído, por ejemplo, que resulta vano desear un futuro mejor. Pues lo que ha pasado ha pasado para bien de todos y el presente es el mejor de los mundos posibles. Aceptarlo es ser realista, dicen. No hacerlo es ingenuo y peligroso.

El resultado de esa convicción extendida ha sido la pérdida de significado en lo existencial, y en lo político la pasividad abyecta. Pero hay signos de que las cosas están cambiando.

Justo cuando el impulso de la ‘oleada rosada’ en Latinoamérica parece frenar, y tras la fallida primavera árabe y la derrota de Syriza en el sur de Europa, la llama del cambio se enciende en el norte.

“Lo que la elección del próximo líder del partido laborista ha demostrado”, observa la extraordinaria líder escocesa Nicola Sturgeon frente a una audiencia en Innerleithen, donde me encuentro, “es que al contrario de lo que dicen los medios, y en oposición a quienes afirman que los ingleses están aterrados con el ascenso del SNP escocés, mi experiencia el año pasado y lo que observo este año es que en Inglaterra también existe un enorme apetito de cambio“.

Sus palabras son bien recibidas en esta villa. Me sorprende. Esta es la constituyencia del único representante conservador en el parlamento escocés, quien sobrevivió el tsunami del SNP que Sturgeon lidera durante las pasadas elecciones.

“(Las gentes) quieren saber que es posible romper con un estado de cosas en el cual el gobierno sirve sólo a unos cuantos. Eso ha impulsado el éxito aparente de Jeremy Corbyn en Inglaterra”, concluye.

En una entrevista publicada este lunes en el Financial Times, Corbyn se comprometió a cerrar la brecha que separa a los “ridículos” salarios en los altos niveles corporativos de los más bajos. Calificó a la OTAN de ser una reliquia de la Guerra Fría, y prometió transformar las reglas de propiedad de los medios pues “necesitamos unos que no estén controlados por grandes intereses”. Sus declaraciones aumentarán el pánico entre los miembros del establecimiento, quienes harán hasta lo indecible para detenerlo.

Pero sus palabras resuenan ya, también, con las de Bernie Sanders y Elizabeth Warren en los EE.UU. Esta última acaba de ser consultada por el vicepresidente Joe Biden. Sturgeon, Corbyn y Warren no son parte de un fenómeno accidental, ingenuo o peligroso. Han apelado a algo más profundo, cálido, y real que las frías estadísticas y los porcentajes. Se llama esperanza.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias