Las reacciones verticales frente a la minga indígena en Colombia no son muy diferentes de las que intentan justificar los lazos cada vez más evidentes entre el gobierno de Bolsonaro y las milicias brasileñas, o aquellas otras que se están volviendo corrientes en la era de Trump y el Brexit.
Sería exagerado calificarlas de filosofía parapolítica, no por lo de parapolítica sino porque llamarlas filosofía es concederles demasiado. Pero se trata de un lenguaje opresor que no pocas veces apela al ideal de los valores universales, y por ello hace presa fácil de la mentalidad liberal. ¿Puede ésta enfrentar el asalto neofascista? Esta semana, un canal británico prefirió presentar disculpas en nombre del equilibrio periodístico cuando uno de sus reporteros observó acerca de la marcha pro Brexit que “nunca había visto tanta gente blanca”.
Entre nosotros se resta atención al paternalismo mestizo de las reacciones frente a la minga indígena. Para descalificarla se la llama violenta y contraria a la ley que haría objetiva la situación que quiere mantener quien manda. Ello asume la bondad de las instituciones de manera inequívoca. El opresor dice no luchar en nombre propio, sino en el de la civilización y el progreso. Pero dichos términos no existen más allá de proyectos humanos.
Por tanto, no podemos usarlos para determinar el valor o sentido de proyectos y situaciones concretas. Tratar las instituciones y valores existentes como si fuesen la encarnación de la justicia y el progreso en general, y la violencia que éstas ejercen sobre la minga, las favelas o los inmigrantes en nombre de “la civilización” y “por su propio bien” o el del progreso, legitima la opresión disfrazada de paternalismo. Otras veces se reduce el conflicto social a uno entre intereses y se apela al lenguaje de los derechos en forma abstracta.
Cuando la minga o los afroamericanos buscan la corrección de injusticias históricas, el opresor responde: “Bajo el pretexto de buscar mayor libertad, ustedes me privan de mi libertad”. Es lo que hacen líderes de la alt-right como Richard Spencer, Tommy Robinson o Steve Bannon, asesor de la campaña Bolsonaro, cuando alegan que se infringe su libertad de expresión cuando los desinvitan. Así también, tendencias etnonacionalistas en Brexit y los Estados Unidos afirman que no defienden la supremacía blanca sino el interés de un sector entre otros.
Al tiempo afirman que a otros sectores se les permite un grado de libertad que ahora se niega a los blancos, y se declaran campeones de la diversidad en contra de la globalización al proponer que un verdadero antirracismo implicaría la separación de grupos étnicos para proteger su identidad. Ello es mala fe, e impide la acción política verdadera que busca superar el presente en busca de un futuro mejor para todos.