El fin de semana pasado tuvo lugar uno de los acontecimientos más relevantes de la política europea.
También uno de los peor reportados por la prensa corriente. La Asamblea Ciudadana del movimiento político español Podemos aprobó una resolución que establece como temas prioritarios de su programa: educación universal y de calidad, medidas anti-corrupción, vivienda social, salud pública y auditoría de la deuda externa.
Se emitieron 240.000 votos, y de entre los votantes unos 40.000 lo hicieron a través de la aplicación en red Appgree. 150.000 personas siguieron los dos días de asamblea en internet y otros tantos de manera presencial desde Madrid hasta Londres.
Si los temas y la forma asamblea resultan familiares es porque dicha forma de acción comunicativa y práctica tuvo lugar y fue teorizada primero en Latinoamérica. Caracterizó al movimiento estudiantil colombiano del 91 y a los movimientos sociales bolivianos de la guerra del agua.
Para entenderla no sirve tan solo leer a Habermas, sino también y sobre todo a Silvia Rivera Cusicanqui, Luis Tapia, Orlando Fals Borda, Aníbal Quijano y Álvaro García, entre otros.
Los latinoamericanos, que solemos menospreciar lo nuestro, no lo habremos hecho. Pero españoles como Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias nos han leído con cuidado y sostienen que las lecciones aquí aprendidas son útiles en Europa. Medios y partidos dominantes en España, en pánico, lejos de entender este “mundo al revés” se dedican a insultarlo: tratan a Podemos de populistas, sudacas o castro-chavistas. Se indignan frente a la posibilidad de que un europeo aprenda política de Ecuador o Bolivia.
¿Es Podemos populista? Un caricaturista brasilero ha dado con la mejor definición contemporánea del término. Dos políticos aparecen en una tarima. Uno de ellos reparte pan entre las masas reunidas en la plaza. El otro le pregunta: “Si das pan, ¿dónde está el circo?” El primero le contesta: “En el concepto de populismo”.
Dicho concepto se usa hoy para evocar en nuestras mentes aquella imagen de la noche en que todos los gatos son negros. Es una confusión que busca sustituir la política por el odio al vecino, más bajo que nosotros y que supuestamente no trabaja, es perezoso, presa fácil del fanatismo, o de una cultura menos desarrollada.
Busca reactivar el conflicto latente entre los ya establecidos, sin importar cuan precaria sea su situación en el establecimiento, y los marginales. De allí que quienes usan este concepto apelen siempre al centro y la clase media, y a un racismo de baja intensidad que enfatiza los valores homogéneos de nuestra sociedad. No solo en Europa, también en Colombia.
En Asamblea cada uno es responsable por lo que dice y decide frente a los demás. Tal es la razón de ser popular de la democracia. Podemos no es populista. Es popular.