Esta semana el sexo está bajo ataque. El sexo femenino, quiero decir.
Cuatro hechos reportados en la prensa global lo indican. El primero es la historia de Manal al-Sharif, cuyo asombroso crimen fue subir a internet un video con ella al volante; un acto de protesta en Arabia Saudita donde se prohíbe protestar y no se permite a las mujeres conducir una máquina. Fue detenida, obligada a jurar que jamás manejará y a no hablar con la prensa. Quizá tal demostración de autoritarismo no provoque la ira de Europa y los EE.UU., pero inspiró la protesta de otras cuantas mujeres el viernes pasado.
El segundo es la revelación de que en 1979 China llegó a un acuerdo financiero con la ONU para controlar su población. En vez de ser utilizado en programas educativos, el dinero fue usado para financiar campañas de aborto selectivo. La costumbre de preferir hombres sobre mujeres, las políticas de control natal forzado y esta intervención de Occidente han resultado en la reducción de la población femenina de Asia en cerca de 160 millones.
Es un patrón extendido a la ex-Unión Soviética, India y los Balcanes, donde la ratio actual entre niños y niñas es 115/100. La ratio usual de selección natural sexual al momento del nacimiento es de 105 niños por cada 100 niñas. En India la cifra ha aumentado a 112, y en Lianyungang, China, se ha disparado a 163/100.
El tercer hecho lo protagonizó la escritora Mara Hvistendahl. Tras denunciar el acuerdo China-ONU, advirtió esta semana sobre las funestas consecuencias de lo que llamó “selección artificial”: la emergencia global de una generación XY. En un mundo repleto de hombres los niveles de crimen y violencia se dispararían. En efecto, la escasez de mujeres en Asia ya ha motivado la creación de agencias que arreglan matrimonios entre hombres ricos surcoreanos y mujeres pobres de Vietnam, prostitución y trata, y la compra de niñas para sus niños por familias adineradas en China.
“Históricamente, en sociedades donde los hombres superan en gran número a las mujeres se vive mal”, afirmó Hvistendahl. Que lo digan las colombianas. Aquí la guerra tiene características de acumulación por desposesión y limpieza étnica, pero también de género. Se estima que el 65% de los desplazados son mujeres.
Las amenazas contra mujeres como Nancy Fiallo pululan. Dos de los personajes más controvertidos del país son mujeres, Íngrid Betancourt y Piedad Córdoba. Esta última es también negra y disidente, lo que debe parecer al Gran Inquisidor que llevamos dentro.
¿Qué hacer? Una modesta propuesta: selección artificial al revés. Un amigo escritor tiene gemelas. Yo tengo una hija preciosa. Los hombres hemos hecho ya suficiente daño. Pregunten si no a Ana Córdoba. Lo olvidé, la asesinaron.
* Analista y profesor del Birkbeck College de la U. de Londres