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La suerte del inglés

24 de febrero de 2016 - 12:14 a. m.

Lo único que tienen en común los lados diferentes de la cuestión acerca de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea es que esta, en su forma actual, no funciona.

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El primer ministro David Cameron ha ofrecido a sus electores un “nuevo trato” con Europa. Su argumento es que dicho trato recupera poderes que los británicos han perdido y en adelante podrán decidir sobre su propio futuro.

Sin embargo, buena parte de su gabinete y los miembros de su propio partido no han aceptado el argumento. El más popular de los conservadores británicos, el alcalde de Londres, Boris Johnson, ha decidido hacer campaña en favor de la salida de Gran Bretaña de la Unión a pesar de que ello implica una inusual alianza por la negativa a Europa junto al ultra-izquierdista George Galloway y el ultra-derechista Nigel Farage.

Por su parte, los nacionalistas escoceses han hecho explícito que un resultado en favor del no a Europa votado por electores ingleses, provocaría de manera casi inmediata un nuevo referendo independentista en Escocia. Insisten en lo obvio: ¿por qué los conservadores ingleses podrían decidir volverle la espalda a Europa con el fin de recuperar “la soberanía nacional”, pero los escoceses no podrían hacer lo propio respecto del Reino Unido invocando una razón que es prácticamente idéntica? Entre tanto, desde el continente, los catalanes observan con renovado interés.

¿Y la izquierda británica? La guerra civil que amenaza apoderarse del campo conservador puede ser un regalo inesperado para el líder izquierdista Jeremy Corbyn. La división de su propio partido tras su sorpresiva elección por las bases palidece frente a la que ya se avecina entre los conservadores. Pero el riesgo es que una guerra civil conservadora sobre Europa haga irrelevante la posición de los laboristas.

Cameron habría concluido que los votantes de izquierda se inclinan por Europa, razón por la cual no habría insistido en obtener una sola concesión progresista que ofrecerles. Puede estar equivocado. Al parecer, cerca del 38 % de los electores de izquierda en Gran Bretaña votarían en contra de permanecer en la Unión. Se sabe también que el propio Corbyn es escéptico acerca de la Unión Europea en su actual versión. Además, los laboristas habrían aprendido la lección de la debacle escocesa: alinearse con un primer ministro conservador no le hace favor alguno a la causa laborista.

Si ello es así, puede convertir su aparente irrelevancia en una virtud. Mirar a los ojos a los electores y ofrecer un argumento propio: que tras haber examinado su alma se ha convencido de que permanecer en Europa es mejor si y solo si ese es el primer paso para reformarla de manera radical, como proponen el movimiento de Varoufakis y Podemos.

Cameron debe estar maldiciendo su suerte.

 

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