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La única opción

12 de julio de 2017 - 10:00 p. m.

La sexta extinción masiva de formas de vida en el planeta ya está en curso. Según un estudio publicado en días pasados por la revista Proceedings of the National Academy, la pérdida de vida salvaje en el mundo significa una “aniquilación biológica (…) y representa un asalto aterrador a los fundamentos de la vida humana”. El periódico británico The Guardian, que publicó este lunes la noticia, cita al investigador Gerardo Ceballos de la UNAM al afirmar que “la situación es tan mala que sería una falta ética usar un lenguaje menos fuerte”. En efecto, al tratar el caso más genérico de especies cuya población ha disminuido alrededor del mundo pero se mantienen presentes en ciertos lugares, el estudio presenta resultados mucho más dramáticos de lo antes establecido por los más pesimistas. Por ejemplo, al referirse a los mamíferos terrestres, el estudio menciona que casi la mitad de ellos han perdido el 80 % del área geográfica en la cual puede encontrárseles. Ello significa que se han perdido billones de estos mamíferos, y otro tanto puede decirse de los pájaros, los reptiles y los anfibios. De allí la afirmación según la cual una extinción masiva se encuentra no sólo en curso, sino ya bien avanzada.

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De acuerdo con la publicación, los científicos concluyen que “la aniquilación biológica resultante tendrá serias consecuencias ecológicas, económicas y sociales”, y que los signos apuntan a un asalto aún más serio, más belicoso, pues se trata de una verdadera guerra contra la vida en general, en las próximas dos décadas.

La vida salvaje está muriendo por causas particulares que van desde la destrucción de los hábitats hasta el cambio climático, pero la causa más genérica es sin duda también la más singular: “el exagerado consumo, en particular por parte de los más ricos”, dicen los científicos, agudiza la presión de la población sobre el planeta.

Dicha conclusión confirma la idea, expresada hace un tiempo por el historiador Dipesh Chakravarti, según la cual carece de sentido seguir distinguiendo hoy entre historia humana e historia natural. Cualesquiera sean los desacuerdos entre los científicos acerca de los énfasis y el tono de estos estudios, todos concuerdan en que el impacto de la población humana debe medirse hoy en términos de tiempo geológico.

Sin embargo, nuestras instituciones jurídicas y políticas basadas en modelos de soberanía o consentimiento contractual están diseñadas para tiempos cortos, para resolver casos de justicia interpersonal en el presente, y rara vez toman en cuenta el caso de la injusticia intertemporal, que incluye a no humanos, y de los beneficiarios de ésta. Son estos últimos los agentes concretos de la extinción en curso. Diseñar otro modelo de acción política es urgente, y de hecho constituye nuestra única opción.

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