Rafael Barajas Durán, El Fisgón, me explica en Xalapa que para entender al México contemporáneo es necesario remontarse a los 1930.
Según él, sólo así se entiende por qué el resultado del sexenio de los presidentes panistas Vicente Fox y Felipe Calderón ha sido una tolerancia “que es en realidad un servir la causa de la opresión”, y una defensa de las libertades que fomenta su contrario: “fanatismo, atraso, hipocresía y crueldad”. De fondo, el anuncio de la radio según el cual en el estado de Guerrero han sido encontradas unas fosas comunes en las que estarían enterrados los 42 estudiantes desaparecidos la semana pasada.
Barajas es el caricaturista político más conocido del país, una suerte de Jaime Garzón mexicano. Premio de Periodismo 1999 y autor de libros como El sexenio me da Peña y Narcotráfico para inocentes, la suya es una de las cada vez más escasas voces libres en un país que subvenciona de una manera u otra a buena parte de sus escritores, y en el cual el miedo amenaza silenciar a estudiantes y movimientos sociales.
Citando a Marcuse, Barajas sostiene que “tanto en 1939 como en 2014, los panistas exigieron tolerancia a sus posiciones intolerantes y defendieron libertades que sólo fomentaron la opresión”. Los panistas, retratados usualmente como defensores de la democracia y las libertades, y que en el sexenio pasado buscaban una tercera vía alejada de los totalitarismos, fundan su actuar en una interpretación radical de la libertad religiosa y de mercado propia de la derecha latinoamericana desde los 30.
En tal interpretación, la lucha por el bien y la libertad con frecuencia se revela en su contrario. “La lucha por la libertad de cátedra, enarbolada por los estudiantes católicos en la década de 1930 en el marco del movimiento contra la educación socialista”, dice Barajas, “tuvo su logro en la fundación de la UAG que… ha sido durante décadas la institución universitaria más intolerante, dogmática y cerrada del país”. Asimismo, “la libertad de mercado que el PAN y los neoliberales han impulsado desde 1980 y que los gobiernos de Fox y Calderón defendieron, le otorgó todas las libertades a un puñado de capitanes de empresa… Esa libertad ha permitido que un puñado de mexicanos se hagan increíblemente ricos a costa de oprimir a millones”.
Ello resulta paradójico sólo en apariencia. La raíz común es el fundamentalismo político-religioso, redencionista y salvífico, originado en la Europa colonialista del Barroco. Así como los fascistas del 30 pretendían regresar al orden del siglo XVI, los neoliberales quieren restaurar el XIX y los islamistas el califato. Todos quieren unirnos en la lucha contra el enemigo común, en verdad un chivo expiatorio. Y con ello justificar la expoliación socioeconómica.
Colombia no es la excepción.