¿Por qué Israel no se ha convertido en el Estado cincuenta y uno de Estados Unidos? Porque entonces sólo tendría dos senadores. “Este tipo de bromas son comunes en los EE. UU.”, afirma el historiador Norman Finkelstein, conocido por su best-seller del año 2000 La industria del Holocausto. “No importa cuán desquiciado parezca el debate sobre Israel aquí, cuando menos aún tenemos sentido del humor”.
En el 2014, Finkelstein publicó en su página de internet un mapa de los EE. UU. dentro del cual puede verse a Israel, una referencia a la broma antes citada. Pocos notaron esa imagen hasta la semana pasada, cuando al ser reenviada por la parlamentaria laborista Naz Shah en Inglaterra fue interpretada como una aceptación suya de la política de deportación masiva. Ello le valió ser comparada con nadie menos que Adolf Eichmann. Shah fue suspendida del partido, al igual que el exalcalde de Londres Ken Livingstone, quien al defenderla en radio ahondó la controversia al citar un oscuro período histórico de la relación entre el sionismo y el nazismo, sobre el cual también escribió de manera crítica Hannah Arendt en su Eichmann en Jerusalén.
No cabe duda de que Shah y Livingstone hicieron un flaco favor a su partido. La tormenta estalló días antes de unas elecciones que serán claves para el futuro del actual liderato izquierdista del laborismo. En Londres se enfrentan por la Alcaldía el billonario conservador Zac Goldsmith y el laborista Sadiq Khan. Goldsmith, perdedor en las encuestas, ha adelantado una de las campañas más sucias en época reciente al mancillar a Khan relacionándolo con el fundamentalismo islámico antisemita.
Para entenderla de manera correcta, es mejor aproximarse a ésta como a una historia policíaca: ¿quién se beneficia? ¿Por qué ahora? Hace un año ocurrió una polémica similar y fue hecha a un lado como poco más que una farsa. Ahora, en cambio, no cesa.
Como dijo este domingo el embajador israelí en Londres: “El antisemitismo puede afectar a la izquierda y a la derecha”. El propio embajador reconoció que la izquierda tiene una larga historia de lucha contra el fascismo “de la cual puede estar orgullosa”. En Latinoamérica esa historia está en el origen de partidos socialistas, como el chileno de Allende.
Pero como ocurre con la corrupción en Latinoamérica, la polémica actual está siendo explotada por motivaciones políticas ulteriores cuyo contexto es el ascenso de la izquierda en las Américas, el Reino Unido y los EE. UU., donde Bernie Sanders ha captado el voto árabe y musulmán. El objetivo es dividir a la izquierda. La vieja lucha de clases, y no la posmoderna lucha de identidades.