Frente a las reacciones causadas por la pinta del nuevo diputado canario de Podemos, Alberto Rodríguez, entre los representantes de la “casta” en la política y la opinión corriente en España, el escritor Juan Carlos Monedero afirmó:
“Cuantas más capas de maquillaje te pongas, más riesgo corres de ser desenmascarado. La libertad en la manera de vestir también establece tu independencia”.
La afirmación no es banal y posee una ilustre genealogía. El dramaturgo brasilero Augusto Boal, que algo sabrá de máscaras, nos informa que de acuerdo con Sócrates ni siquiera los actores, expertos en el arte de imitar, pueden representar todos los personajes que existen en la realidad y los que crea nuestra imaginación.
Sócrates pregunta en qué deberíamos convertirnos, en especial los más jóvenes, con el fin de alcanzar una ciudad más justa. Sócrates responde: deberán ser los artesanos de un país libre. Y apunta que la libertad, como el verdadero arte y la mejor poesía, excluye las imitaciones. Es una invitación a quitarse las máscaras tan pronto como sea posible. En ello consiste la excelencia.
A su manera, el escritor caribeño Frantz Fanon alude a lo mismo cuando contrasta las máscaras blancas y las pieles negras. No se trata de que estas últimas sean más representativas, privilegiadas, o auténticas. No ese tipo de realismo el que cuenta.
Rodríguez, el de Podemos, parece caribe. Usa dreadlocks, o rastas como dicen en España. Lo suyo no es representar o imitar esta o aquella cosa como una copia a la que algo siempre le falta, sino creolizar, como dirían los caribeños.
La filósofa política Jane Gordon nos enseña que esa palabra, creolizada ella misma, describe mezclas inesperadas que surgieron en las plantaciones del Caribe, en Canarias, o en Brixton, como ejemplares de culturas expuestas a la muerte pero vivas y dinámicas. Al contrario de lo que sucede en el multiculturalismo, en el que se espera que culturas diferentes co-existan de manera separada o aquella considerada extraña se integre a la dominante, la creolización describe la manera en que las gentes se reinterpretan a sí mismas y a su relación con las personas y las cosas mediante la interacción espiritual y creativa con éstas.
Es esa mezcla, inesperada, espiritual, creativa, la que escandaliza a la vieja España, la “auténtica”, y a quienes creen representarla. La fotografía que dominó las noticias de la semana pasada muestra a Mariano Rajoy con la boca abierta al paso de Rodríguez, incapaz de creer lo que ven sus ojos.
“No se trata de representación”, afirma la artista visual Hito Steyerl, “sino de actualizar lo que sea que las cosas tienen que decirnos en el presente…es cuestión de hacer presentes y entonces transformar las relaciones sociales, históricas y materiales que determinan a las cosas”.