El liderazgo geopolítico del Brasil es innegable. Menos conocido es su liderazgo intelectual.
Su intelectual más representativo es el antropólogo Eduardo Viveiros de Castro, cuya contribución se conoce como “perspectivismo”. Los especialistas la consideran ya tan importante como la de su maestro Claude Lévi-Strauss, el más influyente intelectual francés del siglo XX junto a Sartre.
Viveiros está transformando la filosofía, pero su impacto comienza a sentirse también en saberes aplicados como la economía, la ecología y las ciencias de la mente.
No pretendo hacerle justicia en tan pocas letras. Basta decir que trata de tomar en serio la cosmología de los Amerindios que informaron a Lévi-Strauss hace seis décadas. Ello implica no ceder ante dos posiciones aparentemente opuestas pero erradas. De un lado, el romance del buen salvaje a la Rousseau, y del otro, el historicismo que deshecha el pensamiento indígena como caduco, carente de los horizontes de futuro que caracterizarían la modernidad.
Si el primero pudo informar cierto indigenismo antes, es el segundo el que predomina entre nosotros al fundamentar discursos desarrollistas modernizantes. Así por ejemplo, los Vargas Llosa y sus seguidores en las artes y la política suelen condenar el supuesto exotismo localista de los realismos maravillosos o se refieren a Bolivia y el activismo de los movimientos indígenas en América Latina hoy como un rezago de radicalismo, si es que no racialismo, opuestos a la neutralidad floja del liberalismo moderno y por lo mismo condenados al basurero de la historia.
Dicha posición suele arroparse en una retórica posmoderna que en últimas desconoce: proclama el fin de los grandes relatos que juzga dogmáticos, y la tolerancia de las opiniones como el más humano de los derechos. Ello en el entendido de que no hay verdades o necesidades básicas sino construcciones sociales. Así, la raza es descartada como mero constructo social carente de poder explicativo y crítico alguno pues, se dice, o bien “todos somos mestizos” o todos culpables de etnocentrismo. Tan solo queda el multiculturalismo, el relativismo como política pública.
El perspectivismo es en cambio un multi-naturalismo, una apuesta ni etno- ni antropo-céntrica por la multiplicidad radical del cosmos. Viveiros habla de una política cósmica que lejos de ser arcaica, constituye el pensamiento más relevante cuando nos enfrentamos a la respuesta furiosa de un planeta ante el cambio climático producido por el hombre.
La protesta brasilera contra el extractivismo y la falsa opción entre infraestructura y espectáculo tiene que ver con el perspectivismo que encarnan Viveiros, los Sem Terra o Davi Kopenawa. El que encarnó García Márquez en su Posibilidades de la Antropofagia. Una conexión brasilera aún por explorar.