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Reinventar la izquierda

11 de agosto de 2015 - 11:32 p. m.

Tras Grecia, la izquierda enfrenta varios dilemas. De como los resuelva dependerá su viabilidad como proyecto.

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 El primero de tales dilemas es el siguiente: o bien la “debacle griega debería servir como obituario para la idea según la cual que la izquierda radical persiga el poder y alcance la capacidad de gobernar es una solución viable para las crecientes contradicciones sociales”(Tod Tietze, Jacobin).

O bien aceptar que las opciones políticas se encuentran limitadas hoy por un contexto adverso, la captura de la política por el sistema financiero, “que enfrentamos a un dilema forzado” y sin embargo, precisamente porque las posibilidades se reducen “somos conscientes de estar arriesgando nuestras cabezas al dar la batalla en el nivel político. Pero la estamos dando con la mayoría del pueblo de nuestro lado. De allí nuestra fortaleza” (Alexis Tsipras, Jacobin).

Todos los dilemas parecen imposibles. Ambas alternativas tienen elementos de verdad y otros desfavorables.

La primera sugiere retirarse del juego, la democracia, al asumir que sus reglas precluyen toda victoria. La segunda está dispuesta a enfrentarse pero acepta el compromiso como táctica.

Es un hecho que por el momento Syriza está en retirada y en España Podemos va a la baja en las encuestas. ¿Muestra ello como supone la primera alternativa que entrar al juego es aceptar sus reglas, y dado que el juego está arreglado, conceder la derrota antes de haber luchado?

Si es el caso, ¿qué hacer? La primera alternativa sugiere evitar el riesgo de la lucha política y optar por el “poder social”.

¿En qué consistiría la lucha social? Movilizaciones, ocupaciones, desobediencia. Si estas demuestran ser insuficientes, como han advertido los zapatistas, o criminalizadas, como sucede con las “leyes mordaza” en España, ¿podría reabrirse la discusión acerca de la lucha armada?¿Es ello deseable?

Jugar no siempre implica aceptar las reglas, ni cabe suponer que éstas y el juego son fijas e incambiables. Syriza ha cambiado las reglas al demostrar que hoy no es la izquierda el opositor de la democracia, sino la derecha financiera la que está dispuesta a sacrificar la voluntad de pueblos enteros.

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La segunda alternativa asume el riesgo de la política, perder, pues se puede jugar también para cambiar las reglas en el largo plazo. Eso sí, como la primera alternativa acepta que ello no es posible sin bases sociales.

En tal sentido, Edgardo Lander, Beatriz Sarlo y Leonardo Boff, entre otros, han advertido que los gobiernos progresistas de Latinoamérica deben reconectar con las bases sociales e imaginar un más allá de la verticalidad y el extractivismo redistributivo.

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Surgen allí otros dilemas. Y nuevas oportunidades: Corbyn en Gran Bretaña, otros similares en los EE.UU. ¿Cuba? La tarea es difícil, no imposible.

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