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Sin imaginación

08 de julio de 2014 - 10:39 p. m.

Las predicciones de la OCDE para 2060 son tan difíciles de digerir como el regreso de la Tercera Vía a Colombia casi veinte años después de su fracaso en el país que la vio nacer. De acuerdo con el reporte publicado en París esta semana, el crecimiento global disminuirá para esa fecha a un magro 2,7%. La razón de ello es que las consecuencias de la aceleración actual del mundo en desarrollo llegarán a su límite máximo y comenzará a detenerse.

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Antes de que ello ocurra, la OCDE ha advertido que el ya aparente estancamiento del mundo desarrollado será completo. Ello implica que durante los próximos cincuenta años el promedio de crecimiento mundial será muy bajo, tan sólo un 3%.

La desigualdad, ya de por sí insostenible, como han demostrado hasta la saciedad influyentes pensadores y economistas políticos como David Harvey, Ha-Joon Chang y Thomas Piketty —a quienes deberíamos estar leyendo en vez de invocar la Tercera Vía del casi olvidado Anthony Giddens con dos décadas de retraso—, crecerá un 30% debido a la diferencia entre la desaparición de empleos medios y el crecimiento de los que requieren niveles muy altos de conocimiento.

Esto quiere decir que para 2060 los países que han servido como modelo para balancear los peores efectos del capitalismo con altas dosis de bienestar social —Suecia por ejemplo— tendrán niveles de inequidad similares a los que hoy dividen las urbes de los Estados Unidos. Los suburbios de Estocolmo, repletos de inmigrantes en el próximo futuro, se parecerán a los de Baltimore o Detroit hoy.

Y Detroit, dicho sea de paso, se parecerá más y más a Manila: un enorme cinturón de miseria, el planeta irredento de los condenados de la tierra, rodeando los cada vez más pequeños enclaves de los superricos sitiados en sus rascacielos.

Hay más. Los efectos del cambio climático, ya irreversible, comenzarán a sentirse de manera catastrófica y sus consecuencias económicas serán más visibles. Los tigres asiáticos perderán hasta un 6% de su PIB, y el mundo 2,5%, cuando la distopía climática se haga realidad y comience a destruir la agricultura y la costas en la primera mitad del siglo XXI. Y con ello, el capital.

La predicción de la OCDE asume además que la revolución informática motivará un crecimiento rápido de la productividad, lo cual es un mito, como afirma Chang. Y los efectos de la inmigración, o la falta de ella en los países ricos si los de nivel medio continúan alcanzándolos, no son tenidos en cuenta.

Para enfrentar estos problemas novedosos se requiere un ejercicio creativo y transformador de imaginación política. Lo peor de este escenario es que al desempolvar modas pasajeras, superficiales en lo intelectual y desacreditadas en lo político, casi tanto como el propio Tony Blair, nuestros políticos demuestran carecer de ella.

 

*Óscar Guardiola Rivera

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