¿Cree conocer a Martin Luther King, el apóstol de la no violencia y los derechos civiles? Se cumplen 45 años de su asesinato en la ciudad de Memphis.
En ese momento, 4 de abril de 1968, la marcha de Selma a Montgomery, el discurso “Tengo un sueño” y la aprobación del Civil Rights Act se encontraban ya en el pasado.
King había soñado otro sueño durante el último año de su vida. Y le costó la vida. Comenzaba por reconocer lo que llamó “las dos Américas” durante un discurso pronunciado en la Universidad de Stanford en 1967. Sus palabras siguen vigentes: “Existen dos Américas. En una de ellas las circunstancias no podrían ser mejores. Es bella, como en las telecomedias. Allí fluyen en un sentido ríos de leche y miel, oportunidad y abundancia”. Pero, afirmó, “trágica y desafortunadamente existe también otra América. En esta otra América, la fealdad de sus calles y barriadas transforma el optimismo propio de la esperanza en el cansancio y la fatiga que siguen a la desesperación”.
En esta lograda imagen, King reinventa la distinción clásica entre la tragedia y la comedia. Tiene un ojo puesto en la sociedad visual, de espectáculo, hecha posible gracias a la televisión y los medios masivos que han reemplazado entre nosotros a la arena romana en la cual se juegan a una el pan y el circo. Con el otro ojo, su otra voz, King esconde a medias una provocadora referencia a la tradición crítica, revolucionaria. Para ésta puede ser cierto que la historia sea una sucesión repetida de catástrofes, pero se trata de una en la cual la primera y trágica repetición siempre subyace a la farsa que la sigue. Revelarla es llamar a la acción.
Si la tragedia clásica buscaba apaciguar audiencias indignadas por la maldad de los poderosos, representando en escena su sacrificio para dejar todo igual en la realidad, dice Augusto Boal que la escritura y el drama contemporáneos buscan en cambio provocar a la acción colectiva para que se tome el escenario real y realice cambios radicales. Cabe entender así al último King. Al irresponsable “deje así”, como dicen los comediantes, la escritura y el teatro modernos, incluyendo el hablar en público, responden con un categórico “nada puede quedarse así”, por difícil que parezca cambiar la situación.
Ello hace a King relevante, como defiendo en Cómo construir sociedades, un libro inspirado por él que discutiré con la filósofa Drucilla Cornell en Cartagena el 30 de enero. Según un reporte del gobierno estadounidense, “en una sola noche de enero pasado 633.782 personas durmieron en las calles del país”, 27 millones de personas están sub o desempleadas, y los cortes por austeridad costarán otros 2,4 millones de empleo. Las dos Américas siguen ahí.