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Un golpe muy europeo

31 de marzo de 2015 - 11:38 p. m.

Tras el golpe de estado en Chile, Cortázar y García Márquez dedicaron sus esfuerzos al II Tribunal Russell.

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El tribunal ciudadano buscaba denunciar a los culpables del golpe y “genocidio cultural”, remediar tal injusticia, y comunicar sus hallazgos a “todos los sectores del continente”, dijo Cortázar, comprometiendo a la opinión éticamente.

El ejemplo chileno, los trabajos del tribunal y su narración por Cortázar han permanecido en el olvido cuatro décadas. Regresan para encender hoy nuestra imaginación. En parte gracias al gobierno brasileño, que los publicará, pero también en respuesta al triunfo de Syriza en Grecia y el potencial de Podemos en España.

Ambos partidos reconocen cierta inspiración latinoamericana. Ello, y su popularidad creciente, ha causado pánico en el establecimiento europeo. Ello explica la intervención de un Felipe González en Venezuela —quien ha renunciado a su alta posición en la multinacional Gas Natural Fenosa para “defender” la derecha carnívora de ese país— mucho mejor que su supuesto interés por los derechos de los venezolanos.

El pasado 18 de marzo en Londres, el periodista Paul Mason y el filósofo Costas Douzinas alertaron acerca de la posibilidad de un “golpe muy europeo”, similar al chileno, en referencia tanto a la amenaza de forzar la salida griega de Europa como al ataque constante a Podemos en la prensa española.

Douzinas advirtió la necesidad de una alternativa para contener dicha posibilidad. Sugirió comunicar la realidad de la crisis humanitaria, denunciar la austeridad como injusticia moral o jurídica y comprometer a la opinión pública.

Pienso que la mejor estrategia para conseguirlo consiste en presentar la tragedia de los pueblos del sur como una injusticia histórica. Ello permitiría la aplicación de la fórmula conocida en el derecho de propiedad como constructive trust y los remedios que de ella se siguen.

Las reparaciones colectivas en este sentido implican no la simple expropiación y retorno de lo expropiado, sino la creación de interés beneficiario en un bien o fondo cuyo valor se ha incrementado debido a la injusticia originaria o en relación con ella.

No caben los detalles. Baste decir que visto así lo que está en juego en las discusiones sobre la crisis sureuropea, pero también el fin del conflicto colombiano, como antes en Chile, es la cuestión más general del valor actual de las demandas de los “perdedores” de la historia.

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Los teóricos de la justicia transicional afirman que es imposible calcular tal valor o interés acumulado por el paso del tiempo. Ello es así sólo en parte. Pues tal valor cambia en el tiempo antes que acumularse. Es en este sentido que la justicia constituye una opción realizable, como en la novela de Cortázar.

Dejo esta propuesta para discutirla con los lectores.

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