El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

A comportarse como un líder

18 de marzo de 2020 - 12:00 a. m.

Al escribir esta columna, los datos globales del coronavirus ascendían a 168.000 infectados y 6.500 muertos. Tristemente, al momento en que la lean, esas cifras estarán desactualizadas por la furia con la que avanzan.

PUBLICIDAD

Sabíamos, desde hacía más de un mes, que el virus llegaría a nuestro país, que se propagaría rápidamente y que era imperioso adoptar decisiones drásticas e inmediatas, sin importar si fueran o no impopulares. No podíamos repetir los errores de otros países que, como Italia y España, han confesado que minimizaron el problema y torpemente aplazaron decisiones estratégicas que, ya con el agua al cuello, terminaron adoptando, pero tardíamente.

Sin embargo, el gobierno Duque ha preferido no oír esas experiencias, desatendiendo las recomendaciones de quienes ya se equivocaron y viven el peor momento. La gente ha estado desconcertada, esperando que el presidente adopte algunas decisiones que dilata y dilata, pero que al final suscribe tardíamente. El problema es que, en esta crisis, el tiempo es más que oro: vidas.

No se trata de criticar desde el privilegiado palco de la oposición. Al fin y al cabo, somos todos colombianos, estamos en peligro y tenemos que poner de nuestra parte para evitar una grave propagación que haga colapsar el sistema de salud, como ha ocurrido en países del primer mundo en los que el problema se les salió de las manos.

Duque está obligado en este momento de crisis a comportarse, así no lo sea, como un hombre sensato, de carácter y estadista. Es decir, como un líder, así no lo sea.

El presidente tiene la oportunidad de su vida. Tiene el chance de demostrarle al país, a su gente, a su pueblo, que las dificultades de la nación que gobierna no están por encima de sus capacidades. Nunca en su período de gobierno le tocará algo más difícil, y por ello debe sacar lo mejor de sí, así sea prestado.

Para ello, el presidente Duque debe oír a la gente, en especial a sus críticos. La crítica es mucho más valiosa que los aplausos. Por no hacerles caso a las voces que le piden acciones firmes, se equivocó al demorarse en cerrar los colegios públicos y privados, en cerrar las universidades, en prohibir los vuelos internacionales, en establecer controles efectivos a viajeros en los aeropuertos, en ordenar cerrar ciertos comercios y en prohibir la realización de actos religiosos, entre otras cosas.

Los colombianos necesitamos al presidente, pues solo él puede adoptar las más importantes medidas que se requieren para salir de la crisis. Necesitamos que ejerza un verdadero liderazgo. La vida de muchas personas depende de las decisiones que él adopte. Debe conducir a la nación por el camino correcto, teniendo como premisa salvar vidas. Los colombianos, aun en oposición, estamos dispuestos a acompañarlo en sus decisiones y a seguir sus órdenes, pero también a reclamarle su inactividad.

No necesitamos un presidente que hable bonito y de largo, sino claro y conciso. Necesitamos un líder, de esos que afloran el día en que más se necesitan. Duque debe entender que los líderes son como los cisnes: se peinan con las tempestades.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias