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La hora del deporte

18 de septiembre de 2019 - 12:00 a. m.

El Ministerio del Deporte constituye un buen augurio para el deporte colombiano, que ha tenido un año más que significativo en varias competencias de primerísimo nivel.

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Lo importante no es que la ley haya acortado el farragoso nombre del “Departamento Administrativo del Deporte, la Recreación, la Actividad Física y el Aprovechamiento del Tiempo Libre” (Coldeportes) en “Ministerio del Deporte”, sino que, al subirle la categoría dentro de la estructura del Estado, es de esperarse que el deporte siga adelante, pero con más ímpetu y recursos, por el sendero de la masificación y el alto rendimiento hasta convertirse en una política pública prioritaria. El deporte redunda en orgullo nacional, salud pública, bienestar social y disciplina, mucho más cuando se prioriza en los jóvenes, pues con ello se contribuye a la búsqueda de mejores ciudadanos.

Para orgullo de propios y extraños, el deporte ha dejado, este año, triunfos que quedarán grabados en la mente de todos. Serán muchas las generaciones que tendrán como inolvidables estos momentos del deporte nacional, al igual que nuestros padres y nosotros mismos los tuvimos con otras hazañas.

No es fácil borrar de la mente colectiva el triunfo de nuestros deportistas, pues ellos nos llenan de regocijo y hermandad. En ningún otro momento los colombianos nos sentimos más colombianos, más orgullosos y más unidos que cuando ellos triunfan. Cesan odios, intrigas, peleas, guerras y diferencias políticas. No hay nada más pluripartidista y convergente que su gloria.

En el festejo todos quieren su parte, sobre todo los oportunistas: el semidios Gustavo Petro acostumbra a atribuirles algo de su iluminada existencia a estos triunfos, como lo hizo con el ciclista Egan Bernal, campeón del Tour de Francia, pues qué mejor para Petro que endilgarse el hecho de que vino al mundo a contribuir en esas épicas conquistas (si no a qué vino, pensará él); la omnipresente y opinadora de todo lo habido y por haber, además de vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, en su intento de figurar, confundió al extenista Mauricio Hadad con Robert Farah, que junto a Juan Sebastián Cabal ganó los campeonatos de dobles no solo en el mítico Wimbledon sino también en el imponente US Open; el exarquero y ahora lagarto Farid Mondragón le atribuyó el triunfo del equipo femenino de fútbol en los Juegos Panamericanos a la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, que al parecer ejerció algún poder sobrenatural sobre las jugadoras; y Carlos Holmes Trujillo, canciller y paisano de Farah y Cabal, los confundió con un par de ciclistas.

Pero bueno, lo importante es que viva el deporte, que los colombianos triunfen y que con el Ministerio del Deporte y su buen ministro, Ernesto Lucena, todos trabajemos unidos para que deportistas, entrenadores, padres, patrocinadores y dirigentes puedan producir más y más campeones de los que nos sintamos orgullosos. Al final, de eso se trata.

Claro está, en la hora del deporte y sus triunfos aparecerán los políticos y nos darán de qué reírnos. Lloraremos de alegría con los deportistas y de la risa con los políticos.

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