Duque es poseedor de un constante índice de desfavorabilidad sin precedentes para un presidente en su primera mitad de período, y de una consolidada imagen de inexperto y aprendiz, propia de ningún mandatario en la historia reciente de Colombia. Duque ha sido persistente en cultivar esa imagen, gracias a sus múltiples equivocaciones que, al inicio, se presumían de buena fe o por buena persona, pero que ahora, es evidente, son fruto de sus íntimas convicciones radicales.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta?
Un país repleto de problemas estructurales como la corrupción, el desempleo, la mala educación, la injusticia, la desigualdad, la torpedeada paz, el asesinato de líderes sociales, la criminalidad y otros tantos, ve con desesperanza cómo Duque malgasta sus días evitando coger el toro por los cachos para solucionar los problemas que nos azotan sin piedad.
Hasta ahora, Duque se ha aferrado a gobernar con y para el minoritario uribismo radical que lo impulsó al poder, a torpedear la paz y a perder el tiempo promoviendo su inentendible economía naranja y, claro está, a viajar haciendo alarde de éxitos que solo perciben él y su equipo de desgobierno.
Duque, para salir de la encrucijada, por fin y al parecer, está haciendo caso de lo que muchos le hemos insinuado desde el primer día: que concrete un acuerdo de gobernabilidad con otros partidos y comparta responsabilidades con esa coalición para sacar del atoramiento y la indigestión al Centro Democrático, cuyos miembros están en sobrepeso y coma diabético por tragarse solos la mermelada.
Pero, obviamente, esto no puede tratarse simplemente de repartir cuotas burocráticas porque sí, pues en eso no consiste la verdadera democracia. Se trata, muy por el contrario, de hacerlo a partir de un acuerdo con norte para gobernar con mayor consenso y facilidad, en bien de una sociedad inconforme que, con razón, clama por cambios.
Se dice que en esto Duque ha salido de su terquedad, seguramente obligado por las circunstancias. Todos esperamos un sacudón grande en el Gobierno y la llegada de personas con ideas diferentes a las de la derecha radical. Sin embargo, por lo que dicen buenas fuentes, Duque está a punto de cometer graves errores, creyendo que el acuerdo se logra nombrando a cuanto pésimo candidato a entrar al gabinete le impone un partido de la futura coalición. Una cosa es buscar y concretar un acuerdo y una agenda, y otra bien distinta entregarse a los rancios y corruptos dirigentes de los partidos que en medio de la crisis quieren pescar en río revuelto.
Una cosa es hacer un acuerdo y otra traer al Gobierno, por cuenta de aquel, a personajes de “dudosa ortografía” ligados a la corrupción, al clientelismo y a las castas políticas tradicionales que, por qué no decirlo, son quienes nos tienen en la insatisfacción y la protesta.
Ojalá que los terribles nombres que se oyen para el gabinete sean producto de la especulación, pues sería triste que este gobierno haya dilapidado la mitad del período por cuenta de gobernar con una cantidad de inexpertos, y la otra mitad por cuenta de traer a una enorme cantidad de dirigentes tradicionales y corruptos.