Pasadas las elecciones algunos quieren hablar de ellas y otros prefieren pasar de agache, como cualquier encuestador cuyos pronósticos fallan, pero que al mismo tiempo tiene la “virtud” de saber por qué erraron, claro está, después del conteo de los votos.
Es importante hablar de las enseñanzas que estos procesos dejan. Lo primero es recordar que, en muchas regiones del país, la política sigue siendo, y sin perjuicio de que alguno se sienta justo y orgulloso ganador, una empresa criminal dedicada al desfalco, la burocracia, la plutocracia y la participación en cuerpo ajeno de todo tipo de condenados o ex condenados. Un porcentaje importante de municipios quedaron en manos de lo más corrupto, de lo más torcido. Quedaron en manos de esa mezcla de cosas que, incluso desde muy lejos, huelen a podrido.
Algunas, pero muy insuficientes, fueron las acciones de las autoridades para combatir la trashumancia, la compra de votos y la participación en política de funcionarios. Desgraciadamente, ganar las elecciones a toda costa es lo que al final cuenta en un sistema electoral que se hace cada vez más necesario revisar y cambiar, y en el que violar las leyes para ganar casi nunca trae como consecuencia perder lo ganado. ¿Raro, o no?
Si bien es cierto en algunas capitales o municipios hubo resultados sorprendentes y esperanzadores, que nadie se lleve a engaño, pues la política en general no ha cambiado y la tal transformación no existe; una golondrina no hace verano. ¿Saben ustedes de los más de mil municipios de Colombia, cuántos seguirán en manos de personas poderosas para las cuales la política no es un instrumento de desarrollo sino de riqueza personal a través de empresas criminales electorales? La situación, reitero, alentadora en algunas ciudades por el triunfo de personas con costumbres e ideas renovadoras, y sin dueños de mala muerte detrás de ellos, es gran noticia, pero para nada suficiente como para cantar victoria.
Los perdedores de este proceso son los grandes polarizadores. Sí, la Colombia Humana de Petro y el Centro Democrático de Uribe quienes desde los extremos de izquierda y derecha han fatigado tanto a esta sociedad, que poco se interesó la gente en votarle a sus candidatos. Sus apoyos fueron el abrazo del oso. Ellos y sus fanáticos alfiles dirán que ganaron, esas son falacias y cuentas alegres; los colombianos todos, incluso sus cada vez menos seguidores, saben que a ellos ya les llegó la hora de retirarse, aunque sea por “salubridad pública”; son demasiado tóxicos.
¿Cuándo? Ojalá pronto. ¿El método? Cada cual lo escoge. Petro podría acogerse a un simple retiro como circula en un falso trino según el cual “Si Hollman pierde, me retiro de la política definitivamente”, el cual nos podría hacer realidad; y Uribe, podría darle el gustico a doña Lina de dedicarse a la familia, pues no creo, ni más faltaba, que deba llegar al extremo de cumplir con su promesa de, ante el olvido de sus seguidores tirarse al Río Magdalena. Parafraseando la película de Sergio Cabrera, bien podría decirse que, “retirarse es cuestión de método”.