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La Alcancía de Bogotá ¿Quién puede crecer más?

15 de agosto de 2011 - 02:19 p. m.

La entrada de Mockus a las elecciones por la Alcaldía de Bogotá está dejando el escenario aún más confuso. Según las encuestas hay un cuádruple empate: Petro, Peñalosa, Mockus y Galán. La votación está tan fragmentada que es difícil saber lo que va a pasar; la elección será definida por quien tenga mayor crecimiento en estos meses para lo cual conviene analizar cuales son las fuentes que permitirían aumentar la votación.

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Para tratar de configurar el mapa de las fuerzas políticas y analizar las ganancias que puede obtener cada candidato, podremos recurrir a las cifras que arrojó la encuesta de Datexco y compararlas con las de las últimas elecciones presidenciales en Bogotá; pues aunque son contiendas electorales distintas, guardan algunas similitudes en el contexto capitalino.

Frente a sus resultados en las presidenciales, Petro ha aumentado casi el doble: tuvo el 8,59%, 241 mil votos y en la encuesta actual aparece con el 16,4%. Este resultado es contrario al hecho de que la izquierda está dividida. Pareciera que los rompimientos internos en el Polo que dieron lugar a la salida de Petro y la candidatura de Aurelio por el Polo, fueron sólo entre las directivas y que las bases siguen acompañando al primero. Sería de esperarse que los votos de Aurelio pasen también a Petro.

Los resulatados de las presidenciales de Mockus equivalentes al 27,5% es decir 774 mil votos, han disminuido, dejándolo con el 14,5%. Es de suponer que algún porcentaje del Partido Verde estaría con Peñalosa. Mockus puede desarrollarse si la abstención vota. En general, el fenómeno corresponde a estratos medios; según analistas los jóvenes que no votan, tendrían la inclinación de hacerlo por el profesor. En estas elecciones seguramente habrá menos abstención; la situación crítica de la ciudad incentivará la participación.

Peñalosa con 14,7% es el más difícil de ubicar; debe tener algunos votos verdes, los que le faltan a Mockus casi suman lo que tiene, y algunos uribistas lo acompañan. Su crecimiento puede esperarse en la medida en que aparece como el candidato de los estratos más populares –que siempre votan- y porque la gente lo identifica con gran capacidad de administración.

Galán con el 12,9% parece tener la votación de Cambio Radical, que en las presidenciales obtuvo 413 mil votos; el 14,73%. Su crecimiento apunta a la alianza con Luna que ha doblado la participación de los liberales en las presidenciales (Pardo obtuvo 75 mil votos para el 2,6%) y se ubica con 5,27%. Galán además tiene la imagen favorable más alta entre los candidatos y desde el lanzamiento de su campaña cuando su visibilidad aumentó, la intención de voto a su favor está creciendo. En está encuesta mientras los otros reportan bajas, él sigue aumentando.

Si está configuración de las fuerzas es acertada, el voto de la U es el que aún no está definido. En las presidenciales Santos tuvo 1,134 mil votos, equivalentes al 40,39%. Habría fragmentos con Peñalosa, con Gina –con el 9,6% de intención de voto- y con otros candidatos. No es fácil ubicar donde está el grueso del electorado de la U. Esto coincide con la cifra de casi el 12% que no sabe aún por quién votar. Lo cierto es que no hay candidatos que representen la derecha en el debate. La insistencia en la seguridad no será factor diferenciador, pues es un tema prioritario para todos. Peñalosa ha insistido en posicionarse como el candidato de la U, pero ha sido parco y poco convincente. La atracción del partido de la U será un motor, seguramente, en el debate. Uribe jalará hacia Peñalosa y Santos hacia Galán.

El voto carismático y el anti-carismatico -votar a favor o en contra de un personaje- que ha sido tradicionales en este tipo del elecciones no es tan evidente en este escenario, pues la pluralidad de candidatos ha roto esta tendencia. Ahora, si Petro sigue siendo la cabeza en las encuestas, entonces empezará a surgir un discurso que se le oponga. Puede ser uno que la adjudique los descalabros que tuvo la izquierda en la administración de Bogotá y plantee un modelo de izquierda diferente; la otra opción es que el debate se polarice entre la izquierda y la derecha, beneficiando los extremos del espectro –el derecho aún por definir.

Amanecerá y veremos.

 

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